Se me ocurre la siguiente duda. La palabra cuento ¿está más relacionada con la narración o con la mentira? ¿O con las dos cosas?. Me da pudor y verguenza que se puedan escapar sensaciones personales. Pero a veces, demasiadas veces, lo que le pasa a uno no se puede controlar. Y aparece un cuento. Mitad verdad, mitad mentira. A mí me han aparecido tres. Ninguno es mío, son de otra gente, pero los tres reflejan mi estado de ánimo. El primero va sobre la obra de teatro de Ionesco El Rinoceronte. El protagonista, Berenguer, se entera un día que un hombre se ha convertido en Rinoceronte, más tarde lo hace otro, luego uno conocido y progresivamente la gente más cercana hasta que se queda solo y se plantea si sigue como persona o se transforma en Rinoceronte. Decide no dejarse influir por lo demás. Los críticos lo relacionan con la extensión del nacismo en Alemania u otros le dan un carácter más global. He leído en una página de Internet: «Plasma la situación de una sociedad en la que se implantan como moda imprescindible, determinadas ideas o costumbres, algunas de las cuales están en contra del pensamiento de muchos y en este caso del protagonista que se va quedando solo porque todos sus amigos y conocidos se van pasando a la nueva moda y hasta su novia le reprocha que no se incorpore a la misma. Tema aplicable a todos los tiempos y a todas las ideologías que tratan de imponerse a una sociedad y que es rechazada por los que se mantienen fieles a sus principios o doctrinas anteriores.»El segundo cuento trata sobre brujas malas y príncipes buenos. Resulta que hay un pueblo muy rico, muy sabio y muy guay, que es gobernado por el príncipe más sabio, rico y guay que conozcan los mortales. El morir de éxito implica la aparición de una bruja mala que echa una pócima al río para que los que beban del agua se conviertan en tontos, pobres y malajes. Todos los del pueblo beben del rio, menos el príncipe que se abastece de un pozo individual. La gente del pueblo se extraña del cambio de comportamiento del príncipe y comentan por los bares y esquinas. «Con lo guay, sabio y rico que era el príncipe antes, y lo tonto, pobre y malaje que se ha vuelto ahora«. Al principio los comentarios se hacen de forma sesgada y secreta, pero luego se generalizan, hasta que llegan a los oídos del
príncipe. Éste que seguía siendo listo, rico y guay, comprende la situación y toma una decisión. En el cuento que siempre me han contado a mí, decide beber agua del río y convertirse en sabio, rico y guay para sus vecinos. En el que yo os estoy contando a vosotros, lo vamos a dejar en que no bebe agua del río, haciéndole compañia a Berenguer, el protagonista del Rinoceronte.
