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El día de la presentación del libro «El problema agrario…» en Vejer hubo varias preguntas muy interesantes. Estos días nos hemos acordado mucho de una sobre el Monasterio del Cuervo. Hubo otra intervención en el sentido de que las peleas internas habidas en la Comunidad de Campesinos de Malcocinado y su evolución posterior demostraban el fracaso de iniciativas como esta de la Segunda República. El hecho de estar de buen rollito y de que queríamos que llegara el tercer tiempo o el momento de la Cruz del Campo, nos hizo torear la cuestión. Pero el debate podría haber sido riquísimo… No obstante, como dice Lucien Febvre, el pasado no es relevante en sí mismo, sino según los problemas que a través de él se quieran resolver.
Hoy, revisando unas notas de Mintz, me he encontrado unos párrafos que he creído conveniente traerlos a este/vuestro blog. Tratan sobre el desmantelamiento de la Comunidad de Campesinos, y parten de un hecho básico; la cooperativa funcionó hasta 1936 como estaba pensado en un primer momento (el represente de UGT Francisco Fernández es asesinado y Pepe Suárez, el alma mater del proyecto tiene que huir) y después del inicio de la guerra civil funcionó de otro modo.

«De las veinte comunidades de campesinos organizadas en la provincia de Cádiz por los republicanos entre 1932 y 1936, sólo Malcocinado sobrevivió a la derrota de la República. Como la tierra había pertenecido al ejército, no había ningún propietario particular a quien devolver la tierra, curiosa anomalía que perviviría bajo la dictadura…En su mayor parte, el gobierno franquista no tenía ni idea de cómo supervisar la empresa republicana. Su gran problema consistía en cómo demostrar sus habilidades de organización y, al mismo tiempo, desmantelar la cooperativa y sacársela de las manos»(Mintz).

Es decir, lo que se desmantela en 1949 no es el proyecto de la segunda república, sino lo que había después de que se impusiera el franquismo. Pero es que el día anterior a la presentación del libro, en la visita a Malcocinado con la gente del Seminario, también surgió el mismo malentendido, como si la guerra no hubiera existido, como si el 17 de julio de 1936 no hubiera cambiado la Historia de España en general, y la de Malcocinado, en particular. La manipulación de la historia siempre es una tentación, pero si el caldo de cultivo es la ignorancia, será mucho más fácil ese aprovechamiento.

«Después de diecisiete años de riñas sobre quién ofrecía las mayores contribuciones, quién trabajaba más y quién tenía la familia más numerosa y meritoria, la mayoría de las familias decidieron dividir las tierras y los rebaños. El gobierno retuvo la propiedad y alquiló parcelas, asignando un colono a cada una, en la que cultivarían su propia cosecha y cuidarían de sus propios animales…Sin embargo, era triste ver la defunción de experimentos sociales que antes se habían hecho con grandes esperanzas»

Habría que esperar a la democracia para que el alquiler de las parcelas se convirtiera en propiedad de los colonos. Los alrededores del primitivo poblado, sin embargo, seguían sin repartirse de forma oficial, apareciendo el famoso “indiviso” causante de tantos problemas legales y burocráticos para los vecinos de San José de Malcocinado. En la actualidad, el proceso está en vías de solución definitiva. Pero creo que habría que tener muy claro que una cosa es el Malcocinado de la segunda república, otra el San José de Malcocinado del franquismo y otra el actual de la democracia. Este proceso se debe y se puede conocer. Lo que hubiera pasado si no hay golpe de estado queda para el ámbito de la ficción o para el supuesto de que mi abuela se convierta en bicicleta.

En la fotografía un patio de Malcocinado con las iniciales YM (Yeguada Militar), una de las muchas huellas históricas que se conservan en esta singular población. En la segunda fotografía, parte de las parcelas de «la Yeguada».

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