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| Fotografía Isabel Mateos y Andrés Barberán |
La entrada de hoy se la vamos a reservar a dos fotografías de la calle Alta de la exposición que estamos comentando. En la parte septentrional de esta calle está la zona donde se localizaban la mayoría de las chozas habilitadas en el siglo XIX. La existencia de ranchos como este (donde vivieron Currita la Gata, María la Cabrera y el Cojito Romero) ha dejado huella en la estructura laberíntica del callejero actual.
La puerta es humilde, muy sencilla. La componen dos hojas metálicas, con siete acanaladuras cada una. El conjunto solo es interrumpido por una simple manija con cerradura. Predomina el color azul añil, cuyo tono evita el deterioro por salpicaduras y roce de los animales. Es más, el azulete es un viso que se usa para ahuyentar al demonio y a todos los males; esta superstición está extendida por todo el orbe mediterráneo.
En la actualidad, la vivienda está abandonada, como lo denota la presencia de las hierbas e incluso el desorden de la parra. La huella de la corraleta y de la parra denotan que aquí hubo situada una choza antes de que se convirtiera en vivienda.
Calle Alta, 24
Puerta de acceso a una vivienda del entorno de la calle Alta. Fue una antigua choza para animales, reformada y convertida en vivienda. Allí vivían los padres de Andrés Montiano Cruz en 1933 cuando fue asesinado el 12 de enero. Este no dormía en esta choza de la calle Alta, junto con sus primo Balbino Zumaquero Montiano dormían en la casa de sus abuelos Francisco Cruz Moreno y Francisca García Legupín, en el rancho que tenían en el callejón de la Rica, vecinos de Juan Silva o Fernando Lago.
El pasillo está cubierto de uralita y las dos hojas de la cancela son de color verde: el cuerpo inferior son dos planchas y el cuerpo superior lo componen cinco barrotes. La cadena y el candado completan un cuadro que destaca por su humildad y abandono.
Estas viviendas de la calle Alta responden a un modelo común: chozas que se convirtieron en casas con techos de uralita en un intento de adaptarse a la modernidad; como prueba, el calentador que está arriba a la izquierda.
En la actualidad está cerrada y no tiene ningún uso. Imágenes como esta demuestran que algo no se está haciendo bien con el centro histórico del pueblo y que es necesario plantear seriamente su rehabilitación. Pues tanto la parte meridional, donde dominaban las viviendas en régimen alquiler propiedad de las grandes familias que tenían tierra en el pueblo, como en la parte septentrional el estado de abandono es evidente.

