Llegamos al tercer bloque, el del patrimonio material. Es en este apartado donde las posturas se radicalizan más. Tenemos un patrimonio muy rico, el que existe y el que no conocemos, pero se intuye. El gran problema es que al encontrarse gran parte de él en propiedad privada no puede ser visitado por el público por lo que no se puede poner en valor y su aprovechamiento turístico no puede ayudar a su conocimiento y protección. Son los casos paradigmáticos que luego abordaremos del Tajo de las Figuras, la Morita y el Monasterio del Cuervo, que aunque oficialmente pertenezca a Medina, siempre ha sido parte del denominado campo de Casas Viejas. Es un tema sobre el que me gustaría que el lector del blog opinara.

Hoy le toca el turno al patrimonio mobiliario. Para ello me voy a centrar en los cinco inmuebles que aparecen estudiados en Instituto Andaluz de Patrimonio, trabajo realizado en su momento bajo la coordinación de Agustín Coca.

El primer inmueble que aparece es la conocida en el pueblo como la casa de María Camacho. Corresponde al antiguo Ventorrillo del Tuerto Vela. Aparece citado en las fuentes escritas por primera vez en 1579, es por tanto el edificio más antiguo que persiste en el pueblo y prueba evidente de que antes de ser pueblo Casas Viejas era una población dispersa, de la que este ventorrillo y la ermita sito en la actual iglesia vertebraban la zona. Aunque me parece que se ha estudiado algún tipo de protección creo que en la actualidad carece de ella, (si alguien tiene más información sobre el tema que la dé). Lo cierto es que su estado de conservación es deplorable. Lanzo la idea de que al menos habría que estudiar que se podría hacer para conservarla y si sería posible poner alguna especie de cartelería explicando la importancia que tiene este edificio. En este enlace puedes leer más acerca de él.

El segundo inmueble que traemos es una ventana de la casa de la familia Sánchez Guerra. Esta fue construida en el siglo XIX y desde entonces conserva ese aire majestuoso y señorial que todavía mantiene. La casa fue construida por Juan Vivas, el alcalde pedáneo y a principio de siglo XX adquirida por Antonio Vela Pérez Blanco. Esta pasó  a su hijo José Vela Morales y de ahí dividida a Manuel Sánchez y Juan Pérez Blanco. La primera familia mantiene su propiedad y la segunda no. Ambas son propiedad privada, se mantienen en buen estado de conservación y obviamente no se pueden visitar. La segunda, a principio de siglo XXI fue comprada por una notaria belga para un interesante proyecto de turismo rural, la iniciativa no prosperó. Una lástima. En este enlace tiene más información.


La casa de la familia González Espina es la más señorial y monumental de todas las del pueblo. Siempre ha pertenecido a la misma familia, desde finales del siglo XIX y presenta un excelente estado de conservación. Esta casa, aunque muy próxima al centro neurálgico del pueblo la Alameda, era la típica casa cortijo de los propietarios. Alberga además de habitáculos para el uso residencial, otros para el agrario, como cuadras, cámaras, gañanías, etc. Constituye un verdadero museo antropológico. Es propiedad privada, obviamente no se puede visitar y su futuro está ligado a los dueños, pero visitarla constituye todo un lujo para los que nos gusta la antropologia y cruzaremos los dedos para que se mantengan en el estado actual el mayor tiempo posible. En este enlace tiene más información.



La casa de los Alcantaras es otra casa señorial, que al ser propiedad privada, muy pocos conocen. Junto con el bar Ricardo constituye una unidad que se construyó en el siglo XIX. En 1905 cuando comenzó la explotación del bar se separaron y recientemente se han vuelto a unir. Destacan sus habitaciones interiores, su mobilario y sobre todo el patio interior. También es propiedad privada y tampoco se puede visitar, lógicamente. Si quieres más información puedes pinchar en este enlace.



Y el último bien inmobiliario catalogado por el IAPH (Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico)  es la casa de la familia Pérez Ruiz. Toda una institución entre la calle Medina (ahora Independencia) y la calle Fuentes. José Luis Pérez Ruiz vivió en ella mucho tiempo y recientemente escribió esto sobre la casa. Merece la pena leerlo para ver como estas casas están ligadas a la historia viva del pueblo y los recursos educativos y culturales que atesoran. De hecho aprovechando que el Pisuerga pasa por el Valladolid me encantaría dar una vuelta con Santo por la casa y que me la enseñara, con todos los recuerdos que atesora sobre ello. Sería una experiencia maravillosa y creo que posible. Conozco la de los González Espina y la de las Alcantaras y la verdad es que me encantaron ambas. Me gustaría conocer las anécdotas, experiencias y opiniones que tiene el lector en torno a estas casas.

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