Oviedo es la capital más limpia de Europa. Oviedo es la población de las esculturas, un museo al aire libre. Oviedo es la ciudad de Ana Ozores. Oviedo es una de las ciudades que mejor ha resistido el coronavirus. Oviedo es un punto, la verdad. Esto dice de ella Eslava Galán: 

OVIEDO, LA CAPITAL DEL PRINCIPADO
Oviedo, la capital de una de las mejores regiones de España y del mundo: gente hospitalaria y cordial, paisaje espléndido, buena comida, buena vida… ¿qué más se puede pedir? Oviedo, la Ovetao romana, el ancestral dialecto astur, la Vetusta de Clarín es, sin despreciar a Xixón, una de las más bellas ciudades de Europa. Cuando los moros invadieron España la primera vez, los resistentes asturianos se declararon monarquía e instalaron aquí su precaria capital (que antes fue Cangas de Onís y después sería León)….

Ganadero benalupense por Oviedo


Hoy es una ciudad bella, hospitalaria y alegre que el viajero hará bien en recorrer combinando las estrictas visitas culturales con callejeo sin rumbo. Si empezamos por la señoría Uría, sigamos por el parque de San Francisco, uno de los más hermosos y poblados de la Península, con soberbios ejemplares de árboles a cuya sombra encontramos retratos en bulto de bronce de personajes de antaño, el retratista al minuto, la florista, gente así.
En las inmediaciones del teatro Campoamor, el de los premios Príncipe de Asturias, atrae poderosamente la atención del viadante la escultura de Úrculo de Culus monumentalis, que representa, como su propio nombre indica, unas hermosas nalgas, el esplendor de la carne, lo único que nos llevaremos cuando abandonemos este mundo como testimonian solventes pensadores llegados a la edad provecta. Proseguiremos el paseo por el casco antiguo peatonal (de la Universidad a la catedral, del palacio del Marqués de San Félix al del Camposagrado) hasta que, a eso de las dos de la tarde los pies demandes descanso y el estómago munición de boca. Es el momento de buscar asiento en el antiguo mercado del Fontán (al aire libre si hace bueno) y solicitar una fabada con todo su compango y los culines de sidra que menester fueren para pasarla. De postre arroz con leche, y después siesta roncada.



… Frente a la catedral de Oviedo, en la plaza, encontramos una estatura de bronce tamaño natural de una dama del siglo XIX bastante agraciada: Ana Ozores, la Regenta, o sea, la mujer del regente, una dama de la alta sociedad que tuvo un devaneo con el canónigo magistral de la catedral, don Fermín de Pas, un cura cachas, o sea, hercúleo, de mucha labia en el púlpito en el sermón de la misa de doce y de mucho empuje en el himeneo. 
Ana Ozores es la protagonista de la inmortal novela de Leopoldo ala, Clarín, un zamorano afincado en Oviedo que retrató con notable habilidad una inquietud femenina encorsetada en la sociedad provinciana. Esa novela es uno de los monumentos de Oviedo, de ahí que hayan puesto a a Ana Ozores en la plaza para que don Fermín de Pas, o su sombre, la contemple a placer desde el campanario de la catedral. Se subía allí en las siestas a otear los tejados e imaginar la vida de su grey. El magistral, un célibe contrariado que compensa el resentimiento y el desamor con la ebriedad del poder.



Tengo una compañera que es de Oviedo Ximena Prieto Álvarez. Le pido colaboración y amablemente me la da. Me dice lo siguiente: «La heroica ciudad dormía la siesta»… Cuando llego a la plaza de la Catedral  desde la plaza de Porlier que tiene dos preciosos palacios, el de Camposagrado, y el de los Condes de Toreno, siempre me admira la fachada en piedra de otro palacio, el del marqués de Santa Cruz de Marcenado, con esa enorme cruz como único adorno y después de saludar a Doña Ana Ozores, bueno, a su escultura, miro hacia la aguja gótica  que se levanta solitaria y ufana porque sabe que no hay nada que  la alcance, excepto quizás la Jirafa, famoso hotel ovetense que ahora se ha reconvertido en edificio de lujo, y siempre pienso en este comienzo de la gran obra de Leopoldo Alas. Porque Oviedo sigue teniendo algo de heroica, mucho de noble y a la vez es muy asturiana y cosmopolita. De hecho Woody Allen o Mafalda se encuentran muy a gusto, el uno enfrente de la confitería Peñalba (los mejores bombones del mundo) y la otra mirando a los patos del Campo de San Francisco, que es así como se le llama al Central Park ovetense.
A continuación me dirijo hacia el testero de San Tirso el Real que con sus arcos visigodos en una coqueta ventana tripartita me recuerdan que aquí,  la heroica ciudad, ya en el siglo IX tenía identidad y gusto.



Después de pasar por el Jardín de los Reyes Caudillos anexo a la catedral, un espacio ajardinado con las figuras escultóricas de los 12 reyes asturianos desde Pelayo hasta Alfonso III, me gusta pasear hasta el Fontán, pasando por la calle de la Rúa hasta la plaza de la Constitución, atravesar el arco del ayuntamiento y entrar en la plaza del Fontán llena de puestecillos y tiendas tradicionales con maravillosos quesos y embutidos de la tierra, recordando al gran Ramón Pérez de Ayala y sus geniales descripciones de este entorno. que tiene otro gran palacio en las cercanías, el del Duque del Parque. En este entorno medieval  podemos acercarnos a la plaza del Paraguas, y a la de Trascorrales y volver por detrás de la catedral calle san Vicente adelante, Corrada del Obispo y monasterio de las Benedictinas conocidas como las Pelayas que cantan gregoriano como los ángeles. 






En Oviedo podemos comer de maravilla  en todo el casco antiguo medieval o irnos de sidrinas a  la Gascona ya en la zona del ensanche del siglo XIX  para luego volver a la plaza de la Escandalera por calle Jovellanos para disfrutar de una confitería abierta en 1914, muy famosa por sus dulces llamados Carbayones, apodo con el que se les conoce a los ovetenses, que conserva su aspecto de principios del siglo XX y se llama Camilo de Blas.  Seguimos por calle Arguelles y calle San Francisco pasando por delante de la Universidad y  de un lugar no menos importante que es la pastelería Rialto donde hay que pararse a comprar las exquisitas moscovitas, pastas muy finas y de forma irregular cubiertas de chocolate. 



Llegando a la Escandalera nos giramos para ver la fachada del Teatro Campoamor que aparte de ser la sede de la entrega de los premios Princesa de Asturias tiene una gran temporada de ópera. y enfilamos la calle Uría, la quinta avenida de Oviedo. Recuerdo sus tiendas tradicionales de  ropa, decoración, accesorios, grandes modistas, en fin, un emporio de moda, hasta que llegaron las franquicias y acabaron con todo o casi todo. Uría sigue siendo la calle de los bancos, y de los edificios modernistas y paseándola veremos gente muy bien vestida a cualquier hora del día.
Desde  Santa María del Naranco, «la garçoniere» de Ramiro I se domina toda la ciudad, esta coqueta obra prerrománica ha sido testigo y esperemos que lo siga siendo de toda la historia  de la muy noble, muy leal, benemérita, invicta, heroica y buena ciudad de Oviedo.






*Ximena Prieto Álvarez, asturiana de nacimiento ha sido profesora en el IES San Juan de Dios de Medina Sidonia más de 30 años dando clases a alumnos de Medina Sidonia, Paterna de Rivera, Alcalá de los Gazules y Benalup-Casas Viejas.



En Oviedo hay actualmente que yo sepa tres benalupenses. Eduardo Castillo, Moisés Fernández y Carmen Gloria Grimaldi Panal. Irene Gutiérrez Rosa preparó el MIR allí en el 2018. Esta después de múltiples amenazas sobre la retirada de la paga mensual me mandó el siguiente texto: “No puedo hablar de las calles más importantes de Oviedo, ni quizás  de sus famosos parques, ni el de los mejores restaurantes, ni conocer bien su historia, simplemente porque el motivo de mi estancia aquí no me está dejando mucho tiempo libre para ello.
Echo de menos pasear por la calle San Juan y terminar en el bar de Gregorio tomándome algo con mis amigas, tomarme unas tapitas en cualquier terraza. No os podéis hacer una idea de lo que he echado de menos la Feria o el Maratón este año.  No tengo cerca El Palmar o Los Caños para cada tarde tumbarme al sol sin pensar en nada más, ni el Cortijo en las noches de verano, no tengo ni a mis amigas ni a mi familia cerca, pero Oviedo es una ciudad que se hace querer, donde la gente, a pesar de la lluvia constante y el frío, te sonríe al pasar. Es una ciudad generosa donde se come genial, y dónde vayas te sientes como si formaras parte de un cuento medieval.  
No cambio un “potaje de tagarninas”,  unos  “filetitos de venao” y una “cervecita” por la Fabada,  el Cachopo  y una Sidra asturiana, pero tengo que reconocer, que no he podido tener más suerte en elegir destino para estos meses, y que aún estando a más de mil kilómetros de casa, y un poco agobiada con los estudios, Oviedo me lo está poniendo más fácil de lo que pensaba”. 


En lo que fue de curso he estado tres veces en Oviedo a visitar a mi agobiada hija con el MIR. Nunca le agradeceré bastante lo bien que se ha portado con ella y con los que hemos ido a visitarla. Oviedo confirma mi tesis; leer y viajar es un antídoto contra el fatalismo. Hasta el de mi hija que ha repetido hasta la saciedad en su estancia en Oviedo que ella no aprobaría el MIR en la vida. Desde mayo de 2019 es médico residente en pediatría en el Hospital Puerta del Mar de Cádiz. Ejemplo de manual de fatalismo.
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