
Le toca hoy el turno a Montefrío. No conozco a nadie de Benalup-Casas Viejas que haya tenido contacto con este pueblo salvo yo. Está a 16 km de Íllora, el pueblo donde nací, he estado muchas veces allí y durante nueve años, de lunes a sábado trabajaba allí, pues fui de 1982 a 1990 enlace rural y llevaba la correspondencia de Íllora a Algarinejo, pasando por Montefrío. He visto muchas veces las vistas que ahora han colocado a Montefrío como el pueblo del mundo con mejores vistas según National Geography. Toda la vida pasando por allí y yo sin saber lo de este ranking. Eslava Galán escribe sobre Montefrío:
Vamos a Montefrío, el Hisn Montefrid en el reborde de la cordillera Bética, muralla del reino nazarí, el pueblo que junto con Moclín e Íllora defendía la vega de Granada de las incursiones cristianas. La carretera comarcal A-335 discurre por un paisaje de cerros y lomas cubiertos de olivos, con alguna que otra huerta y algo de monte. A la vuelta de una curva aparece una enorme laja de piedra levantada por un lado: en la cima, un castillo remontado de campanario, y por el dorso duro, un pinar apretado que baja hacia un pueblo de casitas blancas agrupadas en torno a la peña.
El pueblo medieval se arracimaba arriba, en torno al castillo, el espacio que hoy ocupan los pinos. Después de la conquista, la población fue bajando al llano. Vale la pena detenerse a un lado de la carretera y disfrutar de la vista antes de que la carretera se pierda por un tajo hondo que desemboca en la población, entre farallones de piedra pacientemente tallados por el río. El visitante aparca en la plaza, frente a la Encarnación, una iglesia enorme, de planta circular inspirada en el castillo de Sant’Angelo de Roma. La iglesia o rotonda data solamente de 1802.
La ascensión por calles pinas de suelo de cemento y piedra depara la observación de pintorescos rincones y un variado muestrario de arquitectura popular, con algún que otro descanso a la sombra de un emparrado, en poyo de piedra, a la puerta de una casa. En la cúspide de la peña un llanete sustenta la iglesia de la Villa, de armoniosa portada renacentista. El último domingo de mayo celebran aquí la fiesta del rayo, un voto que le hicieron a la Virgen en 1766 cuando cayó un rayo en la iglesia abarrotada de gente sin herir a nadie. Hoy dirían que fue cosa de suerte, pero en aquel entonces era la Providencia. Junto a la iglesia hay una fortaleza del siglo XV ya proyectada para resistir asedios artilleros: achatado perfil, muros bajos y gruesos, formas redondeadas y aspilleras terminadas en círculo para disparar armas de fuego. La cúspide del peñasco es un privilegiado mirador que domina un bello y variado paisaje: el pueblo apiñado al pie de la peña, largo como una cinta, los cerros cubiertos de olivos, los montes de peña y arbusto, los valles umbríos, las higueras, los almendros…
Hay en el pueblo un puente romano que sigue cumpliendo sus funciones en la carretera de Algarinejo. A cinco kilómetros del pueblo, por la carretera de Íllora, están las Peñas de los Gitanos, un parque arqueológico y paraje natural interesantísimo: sobre el fondo de una muralla de roquedal calizo labrado por el tiempo con formas caprichosas, en terrazas y suaves colinas cubiertas de hierba, se suceden más de cien tumbas megalíticas y los restos de los sucesivos poblados allí asentados: prehistórico, iberorromano, visigodo y andalusí”.
Gracias a Eslava Galán me he enterado de que la iglesia circular de Montefrío de planta circular está inspirada en el castillo de Sant’ Angelo de Roma. Lo que si sabía es lo de las Peñas de los Gitanos, he estado muchas veces allí de guisote y de otras cosas que no puedo contar.
Buscando comparaciones entre Benalup-Casas Viejas y Montefrío, se me ocurre el tema de las vistas y los paisajes. En ambos son excelentes. Lo que ocurre que en Montefrío son de fuera hacia adentro pues el pueblo se emplaza en un valle y un escarpe calizo rocoso propio del relieve alpino, mientras que las de B-CV son de dentro del pueblo hacia fuera, pues este se sitúa en una mesa, propia del relieve tabular. Las dos permiten la observación del paisaje desde lo alto y ya se sabe ello acrecienta la belleza de lo que se ve y la sensación de poder, de dominar lo que abarca con la vista. Y ya se sabe que esto de la erótica del poder tiene mucho atractivo. Y sino que se lo pregunten a los políticos