En tierras de latifundios como ésta la propiedad estaba concentrada en pocas manos. Así los marqueses de Negrón, de Tamarón, el Duque de Medina Sidonia y otros grandes propietarios acaparaban las mayores y mejores tierras, pero todos ellos eran absentistas y vivían fuera de la “aldea”. El 6%, según el censo de 1932, de las unidades familiares que vivían en Casas Viejas se califican como grandes propietarios.
Sólo van a existir dos grandes familias procedentes de Medina, que primero construyen la segunda vivienda en la “aldea” y luego sus negocios le obligan a fijar la residencia en ella. Los dos provienen del mundo de la medicina, profesión que abandonan para dedicarse a sus explotaciones agrarias. Se trataba de los Vela y Espina, emparentados repetidamente por lazos matrimoniales.
Dice Mintz sobre ellos: “En 1908, las dos familias hicieron inventario de los nombres de sus terrenos y casas acumulados, lo dividieron todo en dos partes aproximadamente iguales… ambos lados salieron beneficiados abundantemente, tanto en terrenos como en casas…La riqueza de los Velas y los Espinas superaba por mucho a la de cualquier otra familia del pueblo… Nicolasa Vela, la hija de don Antonio, recordó amargamente: La República fue imposible”.
En las cuatro fotografías aparecen miembros de estas dos familias, su pose denota la ascendencia. En la primera observamos junto a Amelia Espiau y Manola Guerra, ocho mujeres pertenecientes a ambas familias: Juana (Reinero) y Sebastiana García Vela, Ana Barca Romero (esposa de Juan Vela) y Nicolasa Vela Morales. En la parte de arriba distinguimos a Luisa Vela Barca y sus primas Nico y Pura Espina García. La segunda foto muestra a Antonio Pérez Blanco y José Espina que flanquean a los hermanos José y Juan Vela Morales. En la tercera fotografía aparece Antonio Vela Pérez-Blanco y en la última José Espina Calatriú.



