En el Ayuntamiento no estaban dispuestos a que apareciera un pueblo nuevo en Casas Viejas que les restara término y que les impidiera a la oligarquía asidonense seguir explotando a bajo precios los bienes de propios en arrendamientos ganadero. Con toda la fama de indiferentes que tienen los asidonenses, cuando se ponen las cosas “feas” luchan por lo suyo, como luego harán en el famoso pleno de agosto de 1985.

Una vez que se tiene conocimiento de que la Diputación en junio ha enviado el proyecto de nuevo pueblo a las cortes de Madrid, el cabildo asidonense, en julio, ya se opone, un mes antes de que esta sea aprobado por el gobierno central. Así en las actas capitulares del 13-7-1821 se puede leer: “A petición del mismo Síndico D. José Núñez se leyó el proyecto que propone la Diputación de la provincia de las Cortes para establecer una población en el sitio de Casas Viejas de este término… y enterado el Ayuntamiento de todo su contenido acordó que inmediatamente se dirija una representación a las Cortes oponiéndose abiertamente a dicho proyecto haciéndose presente los gravísimos perjuicios que de el se siguen a este vecindario en la forma que se propone por la Diputación… nueve mil fanegas, las mejores tierras de todo el término, quedando con lo peor y menos a propósito”.



Pero no solo serían los ganaderos los que se opondrían a la conversión de estas tierras despobladas en una nueva población, sino que el temor a perder parte de su término municipal hizo implicarse a la gran mayoría de la población. Diego Caro en su libro Historia de Medina cuenta: “ En el mes de septiembre de 1821, la Diputación nombró como comisionado de la colonia al diputado provincial asidonense Francisco Montes de Oca y pidió al cabildo de Medina que tomase un acuerdo solemne a favor del proyecto, pero éste lo rechazó, argumentando el perjuicio que le causaba perder 9.000 fanegas de sus mejores tierras. Un planteamiento que repitieron los labradores y ganaderos de la localidad y ciento veinte vecinos que presentaron una exposición ante el Ayuntamiento, en el que denunciaron la inviabilidad del proyecto, por no dotar a los colonos de capital y por la insalubridad de la zona elegida, al mismo tiempo que exigían el debido respeto a la propiedad particular, como eran las tierras de Propios de la ciudad”.



Dice Antonio Morillo: “La cosa se pone fea y deciden, antes que la sangre llegue al río, ir al mismo Medina y tener una reunión, un Cabildo abierto, en presencia del Jefe Superior Político, los diputados Istúriz, Montes de Oca y Zulueta, para oír al pueblo y al Ayuntamiento. Así se hace el día 28 de Septiembre. Debió ser un Cabildo memorable, donde todo ciudadano tenía derecho a hablar y exponer sus ideas. Siempre me ha llamado la atención, cuando leo en una vieja crónica esto de los Cabildos abiertos. Pues bien, se llegó a un armisticio. Para calmar al pueblo y evitar los perjuicios que reclamaban, se reducen los términos de la propuesta. Y de todo ello se da cuenta al Gobierno”.



Pero en Medina sabían que los repartos, la creación de un ente administrativo nuevo y el fomento de la agricultura entraba en el mismo lote, aunque el segundo se hubiera postergado y se siguen oponiendo a todo lo que huela a modernidad. En Diputación todo lo contrario. A finales de 1822 se fijaron los edictos con las suertes que habían correspondido a cada colono y se ofreció un premio de dos mil reales a los cuatro primeros colonos que levantaran sus casa. El escritor francés M La-Chevardiexe  había ganado un concurso dotado por la Diputación con ocho mil reales. Este cede el premio a la institución y esta a su vez los destina a los cuatro primeros colonos que se estableciesen en la nueva población. Pero ya veremos en otra acta que el problema no era el dinero, el problema era que Medina se oponía frontalmente a la nueva población y a lo que significaba. 



Dice Antonio Morillo: “Y a tanto llega, que se da parte al Jefe Superior Político, para que «ponga una multa de 50 ducados a cada individuo del Ayuntamiento que se oponga o presente algún estorbo directo o indirecto». Y no para ahí la cosa: » si es preciso se requiera a la Comandancia General de la Provincia, el auxilio de la Fuerza Armada, para que no queden ilusorias por más tiempo, las disposiciones de la Diputación». Las espadas estaban en todo lo alto y ahí seguirían durante el año 1822. Diputación empeñada en modernizar la economía española ejemplificada en los repartos de Casas Viejas y Medina dispuesta a no perder ni un ápice de sus viejos fueros y privilegios.  A esto que aparece el proyecto de instaurar una barca en Casas Viejas. Pero ¿quién la manejará? Esos será cuestión del próximo capítulo de la serie

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