Miguel Sen es autor de la novela La memoria muda. Inaugura Sen una sección que espero dé mucho juego. Por insistencia no va a quedar.
Coincidiendo con el inicio de la democracia, decidí hacer un guión para una película sobre los sucesos de Casas Viejas. Es un tema que me interesó desde un principio, porque vi en él el resumen de todos los males que ha padecido España. El hecho de que los anarquistas barceloneses fueran instigadores a distancia, era otro motivo de preocupación, por la falta de ajuste del discurso reivindicativo, entre el proletariado industrial catalán y el estado de los campesinos andaluces. Quiero indicaros que mi primera aproximación sobre el tema fue claramente cinematográfica, lo que implica una manera diferente de contar a la que se utiliza en una novela. Además, en aquellos tiempos en los que pensábamos que todo era posible, creía que la película tenía que ser coral, para sacar el máximo partido de las sesiones de las Cortes, en que se discutió los lamentables acontecimientos que vivieron muchos de los vuestros. El diario de Azaña también daba mucho juego cinematográfico, como el movimiento de las compañías de los guardias de asalto, o la personalidad de los vecinos de Casa Viejas. Con el guión bajo el brazo, me presente en casa de Paco Rabal, que transmitió su entusiasmo a su hijo Benito. Ya teníamos director y Capitán Rojas. Benito se lo dijo a Ángela Molina. Incluso le gustó la idea a Fernando Fernan Gomez. Nuestras ilusiones tenían varios puntos débiles. Uno de carácter económico. Producir una película con muchos actores es poco rentable. Otro aspecto negativo era de tipo político. La autoridad es intocable, y cualquier crítica a la Segunda Republica es un crimen. Como la película era imposible, guarde el guión en un archivador, con los relatos y recortes de la prensa de aquellos días, más unas hojas escritas con muchas preguntas, que solo vosotros, vuestros padres y maestros me podéis responder. Durante todos estos años, la idea de reconvertir el guión en novela me daba vueltas por mi cabeza, pero el tema, una novela histórica, es de mucho respeto, así que escribí dos novelas, La noche siempre llega y un Artículo de encargo, lejos de este registro. Pero los sucesos de Casas Viejas son tan impactantes que me obligaron a volver a leerme el guión. Para hacer una novela necesitaba un personaje conductor, alguien que hubiera visto lo que pasó y que, dada su inocencia, quedara arrasado por una realidad a la que cada personaje da una lectura diferente. Apareció así la figura de la muda, contrastada con la de un joven intelectual que no quiere darse cuenta de la infinita capacidad de engaño que muchas veces tenemos los mayores. Como la protagonista estaba espiritualmente exiliada, la exilié del todo, llevándomela a las Landas francesas, en una época en que también allí se vivía una dura situación. Como habréis observado, la creación de un personaje permite jugar con la verdad poética, que no es exactamente la verdad histórica. Esta ultima queda reflejada en mi novela por los discursos de Ortega y Gasset en las Cortes, en muchos párrafos copia textual del Diario de Sesiones, o en ciertos comentarios de Azaña, que también lo son de su diario. Pero Isabel, vuestra conciudadana inexistente, me permitía incidir en otra verdad, la de los locos, la de los niños, la de los poetas, que muchas veces resulta más mágica y precisa que la de los historiadores. Una vez se ha acabado un libro, el autor nada más tiene que decir. Corresponde al lector revivir a los personajes, amarlos o odiarlos, imaginarlos hasta darles nueva vida. La memoria muda ya no es mi novela, si no que es la vuestra.
Miguel Sen es director del programa de TV3 Cuines. Su último libro ha sido «Luces y sombras del reinado de Ferran Adrià «
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