Casas Viejas en 1933 era una aldea, un poblado perteneciente al término municipal de Medina Sidonia, un sitio aislado y perdido en el mapa, dejado de la mano de Dios, pero, sobre todo, de las autoridades de ese momento y de todos los tiempos. Entre sus características caben destacar las siguientes:
– Tierras sin sembrar: de las 6.000 hectáreas cultivables solo se habían sembrado unas 1.300.
– Paro generalizado: de los 500 trabajadores del campo, solo unos 100 se empleaban de forma más o menos eventual.
– Hambre de gran parte de la población.
– La choza era la vivienda habitual, sin ningún tipo de condiciones de habitabilidad para los seres humanos.
– Ante la falta de empleo, se estableció un subsidio consistente en 1 peseta diaria para los solteros y 1,50 para los casados. Los campesinos lo denominaban la limosna y era recibido como una indignidad por personas que clamaban por trabajar la tierra.
…
Además de los muchos muertos y pocos heridos, hubo más víctimas: las viudas, los huérfanos, una larga lista de procesados, algunos condenados a prisión, todos ellos fichados se vieron obligados a vivir bajo la atenta mirada de la Guardia Civil durante la larga dictadura que vino después de la Guerra Civil.
…
Y como punto y final de este recorrido por los sitios de la memoria sirvan las siguientes palabras de Miguel Pérez Cordón: «Nadie conocía este pueblo. Nadie se acordó de su tragedia de siempre. Nadie trató de evitar en lo posible su mal vivir. Hoy fotógrafos, periodistas, autoridades, harán comentarios, relatarán hechos, nos darán fotos, destrozarán a un pueblo, escarnecerán a la multitud rebelde que quiso vivir mejor. Todo, todo esto harán. Pero su obra será superficial. No ahondarán en la llaga. No resolverán lo que motivó el movimiento insurgente de un pueblo.»
José González Benítez
– Tierras sin sembrar: de las 6.000 hectáreas cultivables solo se habían sembrado unas 1.300.
– Paro generalizado: de los 500 trabajadores del campo, solo unos 100 se empleaban de forma más o menos eventual.
– Hambre de gran parte de la población.
– La choza era la vivienda habitual, sin ningún tipo de condiciones de habitabilidad para los seres humanos.
– Ante la falta de empleo, se estableció un subsidio consistente en 1 peseta diaria para los solteros y 1,50 para los casados. Los campesinos lo denominaban la limosna y era recibido como una indignidad por personas que clamaban por trabajar la tierra.
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Además de los muchos muertos y pocos heridos, hubo más víctimas: las viudas, los huérfanos, una larga lista de procesados, algunos condenados a prisión, todos ellos fichados se vieron obligados a vivir bajo la atenta mirada de la Guardia Civil durante la larga dictadura que vino después de la Guerra Civil.
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Y como punto y final de este recorrido por los sitios de la memoria sirvan las siguientes palabras de Miguel Pérez Cordón: «Nadie conocía este pueblo. Nadie se acordó de su tragedia de siempre. Nadie trató de evitar en lo posible su mal vivir. Hoy fotógrafos, periodistas, autoridades, harán comentarios, relatarán hechos, nos darán fotos, destrozarán a un pueblo, escarnecerán a la multitud rebelde que quiso vivir mejor. Todo, todo esto harán. Pero su obra será superficial. No ahondarán en la llaga. No resolverán lo que motivó el movimiento insurgente de un pueblo.»
José González Benítez

