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La canción, como siempre, es un guiño. En este caso a la gente del intercambio, pues ha sido la canción del viaje.
He estado una semana por la provincia de Cádiz en un intercambio entre el IES Casas Viejas y dos institutos del norte de Marruecos (Se trata de dos institutos españoles, uno de Tánger y otro de Tetuán). Resulta que el Ministerio de Exteriores financia institutos de español en Marruecos como parte de una política que tiene como objetivo formar élites en esa zona. Los profesores de allí dicen que eso es una inversión de futuro. El intercambio en el que hemos participado (queda la segunda parte) se denomina Jóvenes de las dos orillas, me ha parecido maravilloso ( personalmente, hacía mucho tiempo que no aprendía tanto) y que a medio y largo plazo dará unos resultados excelentes o eso al menos hemos convenido los profesores y la guía cuando lloraban al despedirse los dos grupos. Dice Norberto en la cabecera de su blog “Un profesor trabaja para la eternidad; nadie puede predecir donde acabará su influencia”, si cambiamos la palabra profesor por aprendizaje la cita me queda redonda.
Suelo decir en mis clases que no existe ni el negro, ni el blanco, sino una variedad cromática inmensa de grises. Esta semana en el intercambio me he acordado muchas veces de esta frase. Los alumnos marroquíes dominaban tres o cuatro idiomas, tenían un nivel académico muy elevado y no están dispuestos a que se sigan extendiendo los tópicos que forman esa percepción peyorativa que muchos tienen de ellos en esta orilla. En ese sentido, hubo una intervención memorable de una alumna marroquí después de una charla sobre cooperación. Desmontó en un periquete el esquematismo simplista en el que sustentaba la argumentación los ponentes, terminando diciéndole “vosotros, antes estabais igual que nosotros ahora, os ha salvado la UE”. 
El segundo tipo de aprendizaje es la certeza de que en esta orilla gaditana se le está otorgando mucha importancia al patrimonio histórico. Se es consciente de que en la división del trabajo actual a la provincia de Cádiz le ha tocado el turismo como una de las bases fundamentales de su economía. Todo lo que tiene que ver con la historia esta moda. Los bares están llenos de fotografías antiguas, hay múltiples publicaciones históricas y existe un gran interés por conservar y poner en valor el patrimonio histórico. Ello tiene un componente cultural y medioambiental, pero tiene otro económico. La experiencia nos demuestra que ambos no solo no son incompatibles, sino que si son complementarios mejor. Este interés por el patrimonio histórico lo vimos en Arcos de la Fontera, en Medina, donde se puede llegar a percibir la satisfacción de sus habitantes por su patrimonio y por su estado conservación (¡enhorabuena por el logro!), Algeciras, Cádiz, Jérez, Castellar de la Frontera (allí nos encontramos una bóveda exactamente igual que la de la Morita, solo que más cuidada y valorada), Jimena de la Frontera, (en cuyo castillo, al igual que en Medina, se están llevando a cabo unas importantísimas excavaciones) Bolonia, Conil o Tarifa. En definitiva, que la ruta Almohade y Almoravide ha sido una excusa perfecta para hacer un viaje por los monumentos de todas las etapas de la historia gaditana.
La pregunda de nuestros alumnos/as no tardó en aparecer “¿Y en Benalup por qué no tenemos estas cosas? ¿Por qué nuestros monumentos no son importantes?”. Contesté como pude, pero sabiendo que tenía la encuesta y mucho de los artículos de esta semana para mi/vuestro blog.
