El bar de Alfonsito, el de Pérez, es el más antiguo de Benalup, ya que se construyó hacia 1876. Se habla de un benalupense apellido Moreno para más seña que se fue a Méjico a hacer «las indias», casándose allí con una Mejicana. Luego volvió a Benalup y puso este bar. Más tarde lo vendió a la familia Pérez. En 1933, durante los Sucesos dispararon los campesinos desde aquí hacia el cuartel y luego se convirtió en una especie de teatro de operaciones (tercera fotografía) de los Guardias de Asalto. En esa época lo tenía arrendado Manuel
Montiano Cózar (por eso hablan las fuentes de la tienda de Montiano), que como tal tuvo que declarar luego en la comisión parlamentaria que se formó para esclarecer los hechos. Desde las cuatro de la mañana que se incendia la choza hasta las siete de la mañana que comienza la razzia, el capitán Rojas y sus hombres estuvieron en este bar. Es un momento muy trascendente de los Sucesos, pero del que se sabe muy poco. Luego volvió a sus dueños; los Pérez y estos lo pasaron a su sobrino Alfonso, que al
educarse con ellos, recibió el mote de Alfonsito el de Pérez. No solo este local funcionó como bar, sino también como posada en la planta de arriba. Allí, se quedaron Sender y Guzman, por ejemplo (aquella noche que tan mal lo pasaron, temiendo el linchamiento de los vecinos) o la familia Mintz. En la posada había un total de doce camas, considerada como una de las mejores posadas que había en Casas Viejas. La posada costaba seis pesetas, en los años cincuenta. Además, tenía una cuadra para los animales de los arrieros o los campesinos. En la actualidad, el bar lo lleva su hijo Alfonso y es conocido con el apelativo cariñoso con el que se le denominaba
desde pequeño: “El Tato”. No hace mucho , sufrió un grave accidente, al derrumbarse el solar por motivo de unas obras en la plaza Rafael Bernal. De aquello se ha recuperado, afortunadamente, y hoy en día reluce en todo su esplendor. A finales de los sesenta y los setenta era el bar que más jornaleros acudían y, por tanto, el que Mintz frecuentó con mayor asiduidad, como se ve en esta
fotografía. Las fotografías son de esa época (excepto la tercera), de Jerome R. Mintz. Funciona en estos momentos como pub. La primera que yo vine a este pueblo, en el año 92, el instinto me llevó allí y me dijo el Tato, que era uno de los mejores bares del pueblo. Siempre he pensado que no me mintío. Ahora, tiene hasta blog y veo que salen casi todos mis amigos. Este artículo es para hacer méritos y salir en una foto. Espero conseguirlo, sino con el
texto, al menos por las fotografías. Por cierto, también tengo fotografías guardadas para cuando un vecino suyo se decida a hacer otro blog. Esperaré sentado, en una silla baja.
Montiano Cózar (por eso hablan las fuentes de la tienda de Montiano), que como tal tuvo que declarar luego en la comisión parlamentaria que se formó para esclarecer los hechos. Desde las cuatro de la mañana que se incendia la choza hasta las siete de la mañana que comienza la razzia, el capitán Rojas y sus hombres estuvieron en este bar. Es un momento muy trascendente de los Sucesos, pero del que se sabe muy poco. Luego volvió a sus dueños; los Pérez y estos lo pasaron a su sobrino Alfonso, que al
educarse con ellos, recibió el mote de Alfonsito el de Pérez. No solo este local funcionó como bar, sino también como posada en la planta de arriba. Allí, se quedaron Sender y Guzman, por ejemplo (aquella noche que tan mal lo pasaron, temiendo el linchamiento de los vecinos) o la familia Mintz. En la posada había un total de doce camas, considerada como una de las mejores posadas que había en Casas Viejas. La posada costaba seis pesetas, en los años cincuenta. Además, tenía una cuadra para los animales de los arrieros o los campesinos. En la actualidad, el bar lo lleva su hijo Alfonso y es conocido con el apelativo cariñoso con el que se le denominaba
desde pequeño: “El Tato”. No hace mucho , sufrió un grave accidente, al derrumbarse el solar por motivo de unas obras en la plaza Rafael Bernal. De aquello se ha recuperado, afortunadamente, y hoy en día reluce en todo su esplendor. A finales de los sesenta y los setenta era el bar que más jornaleros acudían y, por tanto, el que Mintz frecuentó con mayor asiduidad, como se ve en esta
fotografía. Las fotografías son de esa época (excepto la tercera), de Jerome R. Mintz. Funciona en estos momentos como pub. La primera que yo vine a este pueblo, en el año 92, el instinto me llevó allí y me dijo el Tato, que era uno de los mejores bares del pueblo. Siempre he pensado que no me mintío. Ahora, tiene hasta blog y veo que salen casi todos mis amigos. Este artículo es para hacer méritos y salir en una foto. Espero conseguirlo, sino con el
