Mucho se ha escrito sobre las causas de los Sucesos de Casas Viejas. A los factores económicos e ideológicos, suficientemente estudiados, habría que añadirle los derivados de la organización política, pensamos que a estos no se le ha dado la suficiente relevancia. El hecho de que Casas Viejas fuera una población aislada, marginada y periférica tiene que ser tenido en cuenta en un análisis multifactorial. Tanto Maurice para otro caso, como Rodríguez Cabañas han señalado la importancia de este factor para entender los Sucesos. En los Sucesos, concurre un contexto histórico determinado que parece indicarnos que los incidentes iniciales son aprovechados para realizar un escarmiento ejemplificador. Hay que detenerse en que dicha represión, además de un acto de escarmiento, como mantiene José Luís Gutiérrez Molina (traeme algo de París y yo lo hago de Marruecos), fue un ejercicio de demostración del poder, donde menos se vislumbraba, con nocturnidad y alevosía, que a punto estuvo de quedarse en la impunidad. Como decía Miguel Pérez Cordón de Casas Viejas:
“Que vivió siempre su perenne tutela de Medina Sidonia, convertido en feudo que jamás se acordará de aquellos hombres que se debatieron siempre en la mayor miseria, en la abyecta incultura«. El 14 de enero de 1933 José María Fernández, en el noticiero gaditano, publica un reportaje sobre la tragedia. En este mismo periódico reconoce que sus fuentes principales fueron José Suárez Orellana y Francisco Fernández de la Vega. Además de las causas coyunturales, se habla de La Yeguada, una finca sin cultivar y de Medina. “Casas Viejas y Medina. La primera quiere independizarse. No están conformes sus vecinos con que Medina recaude para que en una pequeña cuantía le devuelvan en alguna obra que como la de la Plaza de Abastos deje mucho que desear técnica y administrativamente, a juicio de aquellos sufridos vecinos. Las aguas, por ejemplo, nacen de debajo de un estercolero algunas de las que se beben, produciendo batante tifus, y a pesar de ello- dicen los vecinos- nada hace Medina por evitarlo, limitándose a recaudar y recaudar”. No se trata de endosarle las culpas a nadie, ni mucho menos, simplemente de analizar las circunstancias en las que acaecieron estos Sucesos. En Medina, donde el anarquismo tenía tanta fuerza como en Casas Viejas y más militantes, también estaba convocada la huelga general y la declaración del comunismo libertario. De allí Ossorio trajo la carta del comité central que pasó por manos de Juan Sopas y terminó en las del Gallinito. Pero en Medina el movimiento revolucionario fue abortado desde el inicio, bien fuera porque los campesinos tenían muy presente las dos víctimas del 32 o porque al ser una población de mayor entidad los mecanismos de defensa de la fuerza de seguridad funcionaron más ágilmente. Después de los Sucesos, se cambió el régimen de alquiler de cuartel de la Guardia Civil por otro en propiedad del estado, donde se ubica en la actualidad, se llevaron a cabo grandes campañas de caridad o se intentó crear una comunidad de campesinos en la Yeguada. La Guerra Civil del 36 paró en seco cualquier astibo de solución. La marginación económica y política de Casas Viejas no va a terminar hasta bien entrada la democracia. Y como me gusta terminar los artículos de forma contudente, traigo otra vez aquí la frase de Sender en el Verdugo Afable: «De aquellos hechos no era culpable un oficial de la guardia civil, ni un ministro, ni un gobierno. De hechos como aquéllos era culpable la humanidad entera«.
“Que vivió siempre su perenne tutela de Medina Sidonia, convertido en feudo que jamás se acordará de aquellos hombres que se debatieron siempre en la mayor miseria, en la abyecta incultura«. El 14 de enero de 1933 José María Fernández, en el noticiero gaditano, publica un reportaje sobre la tragedia. En este mismo periódico reconoce que sus fuentes principales fueron José Suárez Orellana y Francisco Fernández de la Vega. Además de las causas coyunturales, se habla de La Yeguada, una finca sin cultivar y de Medina. “Casas Viejas y Medina. La primera quiere independizarse. No están conformes sus vecinos con que Medina recaude para que en una pequeña cuantía le devuelvan en alguna obra que como la de la Plaza de Abastos deje mucho que desear técnica y administrativamente, a juicio de aquellos sufridos vecinos. Las aguas, por ejemplo, nacen de debajo de un estercolero algunas de las que se beben, produciendo batante tifus, y a pesar de ello- dicen los vecinos- nada hace Medina por evitarlo, limitándose a recaudar y recaudar”. No se trata de endosarle las culpas a nadie, ni mucho menos, simplemente de analizar las circunstancias en las que acaecieron estos Sucesos. En Medina, donde el anarquismo tenía tanta fuerza como en Casas Viejas y más militantes, también estaba convocada la huelga general y la declaración del comunismo libertario. De allí Ossorio trajo la carta del comité central que pasó por manos de Juan Sopas y terminó en las del Gallinito. Pero en Medina el movimiento revolucionario fue abortado desde el inicio, bien fuera porque los campesinos tenían muy presente las dos víctimas del 32 o porque al ser una población de mayor entidad los mecanismos de defensa de la fuerza de seguridad funcionaron más ágilmente. Después de los Sucesos, se cambió el régimen de alquiler de cuartel de la Guardia Civil por otro en propiedad del estado, donde se ubica en la actualidad, se llevaron a cabo grandes campañas de caridad o se intentó crear una comunidad de campesinos en la Yeguada. La Guerra Civil del 36 paró en seco cualquier astibo de solución. La marginación económica y política de Casas Viejas no va a terminar hasta bien entrada la democracia. Y como me gusta terminar los artículos de forma contudente, traigo otra vez aquí la frase de Sender en el Verdugo Afable: «De aquellos hechos no era culpable un oficial de la guardia civil, ni un ministro, ni un gobierno. De hechos como aquéllos era culpable la humanidad entera«.
