Manolo Lago es uno de los personajes más importantes en la historia del carnaval benalupense. Tuvo un papel muy importante en el carnaval recuperado en la época de Franco y también en el primer carnaval de la transición, a partir de 1978. En la actualidad anda retirado en sus cuarteles de invierno. El año pasado dentro de las actividades programadas por el Ayuntamiento recibió un justísimo homenaje. En la fotografía, podemos ver a dos Manolo Lago, abuelo y nieto. La otra fotografía es de la murga Los niños llorones, entre ambas hay una diferencia de cuarenta y un año. Otros dos Antonio González, «Capita», abuelo y nieto, respectivamente, militaban en las mismas comparsas. Manolo Lago, sus coplas, sus agrupaciones y su forma de ver el carnaval
ocupan un lugar muy destacado en el libro de Mintz “Coplas de carnaval y sociedad gaditana…”. Ya que lo considera el genuino representante del carnaval de raigambre popular, ese que hunde sus raíces en la tradición, en las murgas, en las charangas… Traigo aquí unos párrafos del libro, referido a él. “El líder de Los Llorones, Manuel Lago Barberán, conocido como Manolo el Zapatero, tenía entonces treinta años. Manolo había estado de aprendiz varios años antes de poder ganar el salario de un día completo. No tenía ninguna tienda propia y trabajaba para dos ex-zapateros de mayor edad que tomaban encargos de individuos y proveedores de la ciudad. Para ganar el salario mínimo, Manolo debía completar, por lo menos, un par de botas (coser y recortar las suelas hasta el cuero superior) cada día…. Manolo el zapatero abandonó su oficio y se convirtió en un peón. Como otros recién incorporados trabajadores sin o con poca experiencia, Manolo transportaba madera y herramientas para edificar y asegurar cada piso a medida que el edificio ascendía, además de llevar ladrillos y cemento mezclado a los albañiles más experimentados. Las nuevas circunstancias del duro trabajo, los viajes y las largas estancias fuera de casa afectaron rápidamente a la apariencia de Manolo. Perdió peso. Su cuerpo se hizo tan delgado y duro como sus manos…” Se refiere aquí Mintz a un ejemplo de los muchos que se dieron de trasvase de mano de obra desde la artesanía, en concreto desde la profesión de zapatero a la de albañil. El otro caso claro, fue el paso de los jornaleros del campo a trabajadores de la construcción. El antropólogo americano analiza la sociedad y la economía de la época, pero también habla de carnaval:
“Como maestro de la murga, Manolo guardaba una copia enrollada de sus canciones. Solía guardarla en su mano para referencia, pero a menudo el rollo servía de batuta. Manolo no sólo dirigía el cante, sino que había escrito la letra de más de la mitad de las cincuenta y seis canciones que formaban su repertorio… Para el carnaval de 1979, Manolo Lago, el ex-zapatero, volvió a tomar su pluma para componer las letras para la murga Los Confiteros.
Las coplas que Manolo Lago compuso en 1979 para Los Confiteros cubrían el abanico de las noticias del pueblo: la compra de una nueva ambulancia, la inauguración de una discoteca cuyas oscuras esquinas atraían a la gente joven, una disputa entre dos barberos y Gallinito que terminó con una pelea a cuchillo, un accidente de carretera en el que un conductor se dio a la fuga, el robo de un televisor de un bar y la baladí persecución del ladrón y la llegada de una nueva médica querida instantáneamente por la gente del pueblo. También había canciones de crítica, como de la falta de consideración hacia los huesos de los cadáveres cuando el viejo cementerio fue derribado por un bulldozer para construir un pequeño parque… Una copla contaba las aventuras de tres hombres en una juerga: eran los mismos bromistas de los que se cantó unos trece años antes (incluyendo Perico y el Cojo Chinejas). Fueron a una taberna a disfrutar un estofado con vino y, como de costumbre, se excedieron con el vino. Cuando se despertaron por la mañana, resultó que estaban atados entre ellos por una pierna, circunstancia que descubrieron cuando uno de los hombres intentó ir al baño a orinar”
ocupan un lugar muy destacado en el libro de Mintz “Coplas de carnaval y sociedad gaditana…”. Ya que lo considera el genuino representante del carnaval de raigambre popular, ese que hunde sus raíces en la tradición, en las murgas, en las charangas… Traigo aquí unos párrafos del libro, referido a él. “El líder de Los Llorones, Manuel Lago Barberán, conocido como Manolo el Zapatero, tenía entonces treinta años. Manolo había estado de aprendiz varios años antes de poder ganar el salario de un día completo. No tenía ninguna tienda propia y trabajaba para dos ex-zapateros de mayor edad que tomaban encargos de individuos y proveedores de la ciudad. Para ganar el salario mínimo, Manolo debía completar, por lo menos, un par de botas (coser y recortar las suelas hasta el cuero superior) cada día…. Manolo el zapatero abandonó su oficio y se convirtió en un peón. Como otros recién incorporados trabajadores sin o con poca experiencia, Manolo transportaba madera y herramientas para edificar y asegurar cada piso a medida que el edificio ascendía, además de llevar ladrillos y cemento mezclado a los albañiles más experimentados. Las nuevas circunstancias del duro trabajo, los viajes y las largas estancias fuera de casa afectaron rápidamente a la apariencia de Manolo. Perdió peso. Su cuerpo se hizo tan delgado y duro como sus manos…” Se refiere aquí Mintz a un ejemplo de los muchos que se dieron de trasvase de mano de obra desde la artesanía, en concreto desde la profesión de zapatero a la de albañil. El otro caso claro, fue el paso de los jornaleros del campo a trabajadores de la construcción. El antropólogo americano analiza la sociedad y la economía de la época, pero también habla de carnaval:“Como maestro de la murga, Manolo guardaba una copia enrollada de sus canciones. Solía guardarla en su mano para referencia, pero a menudo el rollo servía de batuta. Manolo no sólo dirigía el cante, sino que había escrito la letra de más de la mitad de las cincuenta y seis canciones que formaban su repertorio… Para el carnaval de 1979, Manolo Lago, el ex-zapatero, volvió a tomar su pluma para componer las letras para la murga Los Confiteros.
Las coplas que Manolo Lago compuso en 1979 para Los Confiteros cubrían el abanico de las noticias del pueblo: la compra de una nueva ambulancia, la inauguración de una discoteca cuyas oscuras esquinas atraían a la gente joven, una disputa entre dos barberos y Gallinito que terminó con una pelea a cuchillo, un accidente de carretera en el que un conductor se dio a la fuga, el robo de un televisor de un bar y la baladí persecución del ladrón y la llegada de una nueva médica querida instantáneamente por la gente del pueblo. También había canciones de crítica, como de la falta de consideración hacia los huesos de los cadáveres cuando el viejo cementerio fue derribado por un bulldozer para construir un pequeño parque… Una copla contaba las aventuras de tres hombres en una juerga: eran los mismos bromistas de los que se cantó unos trece años antes (incluyendo Perico y el Cojo Chinejas). Fueron a una taberna a disfrutar un estofado con vino y, como de costumbre, se excedieron con el vino. Cuando se despertaron por la mañana, resultó que estaban atados entre ellos por una pierna, circunstancia que descubrieron cuando uno de los hombres intentó ir al baño a orinar”

