El fatalismo andaluz tiene en Benalup un lugar muy propicio para extenderse. Este fatalismo se ha mutado últimamente en la utilidad, en el menos malo, en el posibilismo. Pero, la paciencia tiene un límite y unas circunstancias. Viene esto a cuento del penúltimo pots de Ben-alud y a uno del blog de Vicente Peña que recoge un artículo de la voz digital a cuenta de unos restos óseos que se han encontrado en el campo de golf. Recuerdo que en un aniversario de la segregación de Benalup, en el pleno institucional el alcalde dijo que llegaría un día en el que tendríamos que homenajear al promotor del gran cambio económico del pueblo, refieriéndose al gerente del campo de golf. Hace poco en uno de los artículos que más me ha gustado sobre el 75 aniversario, en el diario de Cádiz, no leí nada relacionado con ello. Todavía eso no es una demanda social. Lo que sí lo es a 16 de enero de 2008, después de consultar el blog de Ben-alud, el de Vicente Peña, el de Norberto y el periódico la voz de Cádiz es que se respete todo posible resto de nuestro patrimonio cultural e histórico. Y a lo mejor «no es que no tenemos nada y no hemos sido nadie», sino que no hemos sabido valorar y hacer respetar lo que hemos tenido y lo que hemos sido. Hace unos años en pinturas neolíticas de la Sierra de las Momias alguien pintó «Pepi te quiero y quintos de …». Hoy da la impresión de que el típico fatalismo andaluz esta mutando, que la cultura no es una rara avis, que somos conscientes que se han enterrado restos de nuestro patrimonio histórico con demasiada frecuencia, que se han enterrado restos de nuestros pasado con la falsa excusa del futuro que al final repercutía en el presente de solo unos pocos, pero que estamos dispuestos a entonar un basta ya. Aquí nunca pasa nada, pero un día puede pasar. Hoy, hay un rayo de esperanza porque hace menos de un año esta noticia del encuentro de restos óseos no hubiera pasado la frontera de una anónima barra de un anónimo bar. Y me da envidia sana que se me adelanten otra vez con lo de Bertolt Brechtn (me puntualiza Norberto por email que la cita no es de Brecht, sino de Martin Niemöller).
