Terminados los Sucesos, Cristobal Torres Pacheco, «Cristobilla», vecino de Casas Viejas con domicilio en la calle San Juan número 7, no pudo protestar por el robo, pues fue encarcelado en Medina, como así nos consta documentalmente. La situación periférica, la marginación y la dependencia política hacía que un atropello como aquel quedara impune. Pero, «unos radicales», Pérez Cordón, Sender y Guzman, se habían empeñado en que lo de los Sucesos no había sido un simple enfrentamiento entre los campesinos y las fuerzas del orden público, y tan pesados se habían puesto, que sus acusaciones habían llegado al oído de algún político ávido de darle caña al gobierno. El día 1 de febrero, el diputado radical-socialista, Eduardo Ortega y Gasset, declaraba en el Parlamento que lo que se había dicho oficialmente sobre Casas Viejas no recogía la verdad sobre lo sucedido en la localidad gaditana.
Asegurando que se había fusilado allí a varios campesinos que se encontraban esposados, y también que se había prendido fuego con gasolina a la choza de “Seisdedos. Para más INRI (Jesus Nazareno Rey de los Judios) el 13 de febrero una comisión y el diario de Cádiz estuvieron en Casas Viejas entregado los donativos para las familias de las victimas, escuchando y publicando la versión de las familias. Todo esto hace que una Comisión Extraoficial Parlamentaria se traslade a Casas Viejas a finales de febrero. Esta Comisión confirma la versión de los Sucesos de «los radicales y los extremistas». Parece ser que «Cristobilla» aprovechó la ocasión para prostestar por los desmanes cometidos con su propiedad ante los comisionados. Los miembros de la comisión son, según parece, los que le recomienda que presente un escrito exigiendo que le paguen los daños causados. En la reunión de la Comisión del 13 de Marzo se estudia dicha factura. Dos meses después de los hechos se conoce oficialmente la brutalidad de las fuerzas de orden público (posando orgullosamente en Casas Viejas en la fotografía) con el establecimiento y enseres del bar Cristobilla. Los mismos dos meses que habían sido necesarios para que se diera a conocer la brutalidad y la bestialidad con la que habían actuado con la población de Casas Viejas. La relación detallada de todas las cosas que destrozaron, bebieron y se comieron (el jamón no sería de pata negra, pero debería estar buenísimo) nos servirá para analizar los precios de aquella época y para reafirmarnos, otra vez más, en los abusos y desmanes de las fuerzas del desorden y las dificultades para que eso saliera a la luz.
Hoy han pasado 75 años de aquello. La fuente de Cristobita sigue aliviando el acuifero de la mesa. Continúa con su tarea monótona y cansina, ajena a las canciones de Sabina que se escuchan en lo que fue el bar de Cristobilla y a los 7 kilos de jamón que se comieron los Guardias de Asalto del Teniente Artal. Y parafraseando a Machado, me gusta pensar que la fuente nos dice: «Labrad, amigos, de piedra y sueño, un túmulo a nuestra historia, sobre una fuente donde llore el agua, y eternamente diga: el crimen fue en Casas Viejas, en nuestro Casas Viejas!»
