Tengo una amiga que la llamo «la bailaora», porque es familia política del mítico «bailor». José Monroy, el dirigente a su pesar del sindicato en época de los Sucesos y que recibía ese nombre por su manera de coger los espárragos. Al pisar sucesiva y rápidamente las esparragueras daba la impresión de que estaba bailando.
Dos grandes revoluciones económicas ha habido en la zona. La primera allá por el neolítico, en tiempos de las pinturas del Tajo de las Figuras, los enterramientos antropomórficos o los del corredor de probable origen tartésico. De la economía depredadora pasamos a la productiva. De alimentarse de plantas que se recolectaban se pasó a hacerlo con el fruto de las que se sembraba o de hacerlo con los animales cazados se mutó por los productos de la ganadería. La segunda revolución fue la industrial de los años sesenta como fruto de la modernización general producida, basada en la emigración, sobre todo a Torrent, la construcción y la mecanización del sector agrario local, con Las Lomas a la cabeza. No obstante, la economía depredadora nunca ha desaparecido del todo. Así lo explica Mintz en el libro «Coplas de carnaval…» en el contexto de finales de los sesenta y principios de los setenta: «En las temporadas difíciles, los campesinos siempre habían recurrido a la cosecha natural del campo para sobrevivir. La recolección de caracoles y frutas y vegetales silvestres completaban su propia dieta y podía venderse a intermediarios para las tiendas y restaurantes de la ciudad. Rastrear el campo en busca de peras, espárragos silvestres y cardos; mover las piedras para ver si había caracoles eran actividades comunes de los jóvenes y desempleados. Pero estas tareas intermitentes e inciertas apenas podían mantener las necesidades de la familia. La caza de pájaros y conejos añadía carne a la mesa y podía traer el equivalente del salario de un día, pero la cacería era muy arriesgada. Podía terminar en una multa exorbitante y también en la pérdida de las trampas. El mismo trabajador se veía atrapado
Espárragos y tagarninas
no se dejan de criar
donde quiera que una nace,
tiene 20 “cuchillás”.
Si alguno se desespera
y en busca de un conejo va,
como todo está acotado
atropellan la propiedad
y si es que te pilla el guarda
en seguida está en el cuartel
o en el juzgado de Medina
o si no en el de Vejer.
Te forman la represión
como es cosa natural,
y cuando vuelves a tu casa
la multa viene detrás.
El obrero desespera
no sabe qué hacer
«Si no gano para comer;
como multa voy a pagar.»
De nuestra querida España
no debemos criticar
pero si no hay más trabajo
creo que vamos a emigrar
(Los Llorones 1966).»
Hace ya mucho tiempo que la recogida de caracoles o espàrragos se ha convertido en un «hobby» para los que vivimos en Benalup-Casas Viejas. A mí me encanta ir a Isla Verde, Valle Hermoso, el Cerro Jerez o Majaverde a hacer como que los cojo, luego los compro en lo de Enrique si hace falta. Este año todavía no he ido, me informan de que hay mucha competencia. Los albañiles no saben estar parados y los que lo están en esta época se dedican a cogerlos. Esperemos que solo sea un conato. Que se baile solo en las discotecas y que hayamos aprendido lo suficiente como para que las temporadass difìciles solo sean una mala racha, corta y pasajera.
