Cuando era niño me encantaba que llegara el día de mi cumpleaños. Me hacían regalos y me permitían más cosas que otros días. Hoy es mi cumplevisitas. Siempre que se llega en un blog local a los cuatro dígitos de visitas el propietario escribe un post autofelicitándose y dando las gracias a sus lectores por la fidelidad observada. Estos artículos me producían una doble sensación, por un lado, una reacción en voz alta «¡qué barbaridad, como los dientes de oro en los cochinos!», por otra parte, en voz baja, aparecía un cierto sentimiento de envidia y pseudoadmiración que te decía «¡¡qué barbaridad!, ojalá llegara yo un día a ese número!. Pues bien, hoy he llegado a las 10.000 visitas con 130 entradas. Creo que es el momento de reflexionar en voz alta. A principio de octubre quería colocar en algún blog amigo un artículo sobre una persona que pensé que habia muerto (afortunadamente se trató de un mal entendido) pero no pudo ser, lo que unido a que quería darle publicidad al libro sobre el problema agrario y empezar a difundir ese gran proyecto que es para nosotros el libro de carnaval de Mintz, me hicieron publicar el 22 de octubre aquella entrada titulada «Salir del armario». Aunque no puedo negar que además de la causas superficiales pueden existir otras relacionadas con la perdida de pudor que suele abundar en los que nos gusta exhibir lo que pensamos. Desde ese día de Octubre una media de 100 veces al día, incluídas las vacaciones, han entrado en este/vuestro blog para leer lo que este servidor había puesto. Me produce cierta satisfacción, ¿por qué no?», pensar que llevo tres meses escribiendo sobre temas relacionados con la historia de Casas Viejas y que la audiencia y el nivel se mantienen, o eso creo, y además eliminan de la parrilla el tomate. Por otra parte, hay que reconocer que no hay tantos comentarios como a mí me gustaría, que mucha gente me aconseja que deje el blog y que no me meta en historias y que hay otra que sé positivamente que leen mi blog, pero que se hacen el despitado cuando se habla de ello, como si reconocer que se visita contagiara. En este breve repaso de «los pros y los contras» he dejado para el final el hecho puntual que más me impactó. El 27 de noviembre recibí el siguiente anónimo: «ME PARECE QUE ERES UN LIOSO Y QUE TU MISMO TE MONTAS LA PELÍCULA QUE QUIERES. ERES CANSADO Y REPETITIVO Y DE ESTO ES DE LO ÚNICO QUE SABES HABLAR. ¿QUÉ GANAS CON ÉSTO?» ¿lo escribiría en mayúscula para que no pudiera conocer desde que ordenador se escribía?. Muchas veces me he planteado lo de «¿qué ganas con esto?». Es cierto, que el blog ha hecho que se prodiguen las espadas de Damocles, es cierto, que me quita tiempo para estar con mis amigos tomándome una cerveza o buscando espárragos o preparando la exposición de Casas Viejas desde Casas Viejas (las cuatro cosas que más me gustan en estos momentos). Hace ya mucho tiempo que decidí que mi principal preocupación en la vida no iba a ser el dinero, que quería dedicarle una parte de mi tiempo a la cultura, a analizar la sociedad en la que vivía, a buscar explicaciones de las cosas y, sobre todo, indagar sobre qué y lo que me gusta, desde la inmesa suerte que gozaba por tener las necesidades básicas más que cubiertas. Hace muchos años que tengo claro que respeto a aquellas personas que han decidido dedicar su existencia a tener más cosas tangibles (grandes casas, grandes coches, grandes motos…), pero yo opté, u optaron por mí, que iba dedicar parte de mis esfuerzos a otra cosa, por ejemplo, a plantearme por qué hago las cosas. Hoy que es mi cumplevisitas, perdonadme que personalice tanto (es mi autoregalo) y que escriba que el que me mandó ese anónimo, seguramente, tiene muy claras las cosas, muchísimo más que yo. Peor para él.
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Un pensamiento en “¿Qué se gana con esto? 10.000 visitas

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