Si unimos una expresión trivial, muy empleada y con poco rigor a otra muy caracteristica, representativa y simple tenemos el título del artículo de hoy. En la vida diaria pasa muchas veces que recurrimos a generalizaciones, a verdades dadas, a frases hechas que de tanto decirlas hasta nos las creemos nosotros mismos. La mayoría no resisten un análisis y una evaluación seria. Una parte de la humanidad funciona en base a tópicos que ya se van haciendo muy típicos. Voy a repasar algunos. Las mujeres son tontas, no saben conducir, aparcan fatal porque se creen que un pedacito así (la extensión entre el dedo índice y pulgar encorvados) son 17 centímetros, no van a la luna ya que no hay que limpiarla y dan sexo para conseguir amor («dile que la quiero tú que estás más cerca»). Las rubias, sobre todo, si son de bote, no tienen cerebro, si hacen el amor están calladas porque su madre les dijo que no hablaran con desconocidos y hubo una vez un amigo mío que insistía hasta la extenuación en que la rubia fulanita era lesbiana. Luego me enteré que había pasado del él 15 pueblos. Los hombres somos unos insensibles y brutos, tenemos el cerebro en los 17 centímetros, las mujeres se pueden quitar noventa kilos de grasa inútil divorciándose y, sobre todo, gracias a las
series del tipo «los Serranos» nos somos más inútiles porque no somos más grandes. Si nos mudamos al ámbito laboral nos encontramos que los funcionarios somos unos flojos, que por la tarde no vamos a la oficina y por la mañana no trabajamos, los profesores solo tenemos vacaciones, los políticos son unos ladrones, los artistas hacen lo que les da la gana y están locos (no puedo poner un ejemplo concreto de lo contrario, pero existir existe, lo juro, sobre todo después de dos acontecimientos) y los peluqueros son todos una panda de homosexuales. (¡Vuelve con la quiniela que es mentira!). Hablemos de sexo. No importa la cantidad, sino la calidad, «no sé de tu escalas por lo tanto eres muy dueña, de ir por ahí diciendo que la tengo muy pequeña», los negros y los musulmanes lo que sea de corbata y los estudiantes hacen mucho eso. Yo creo que lo normal, es decir nada. Por lo menos en mis tiempos, aunque yo una vez ligué.
Y llegamos a la guinda; los tópicos geográficos. Los ingleses son unos piratas, los moros unos sucios, sin embargo eso de Isabel la católica y su prenda íntima era verdad, lo mismo que fueron los que implantaron el mundo del aseo en el ambiente feudal cristiano de la Edad Media. Los judios unos mercaderes avariciosos, los alemanes unos cabezas cuadradas (y ellas ja, ja, ja), los franceses unos ombliguistas y los americanos unos chulos, imperialistas y malos. De eso nada monada, que para eso me he ganado a pulso mi Frikimanía Mintziana. Los sevillanos unos miarma, que van de graciosos y enterados, los de Almería si no te la dan a la entrada te la dan a a salida (¡Diego no te vayas!), los gaditanos unos maricas con hermanas y los jerezanos quien no es señorito lo quiere parecer. (Te debía una, me rindo). Los gallegos unos eclécticos que tienen claro que el último que se vaya tiene que apagar la luz, los madrileños unos enterados, chulos y prepotentes (¡Ala Madrid!), los andaluces unos flojos, juerguitas, bailaores y cantaores. No hace falta refutar, ¿verdad?.
Si en nuestra comarca se habla de uno que se ha echado encima el cuatro por cuatro al olvidarse desabrocharse el cinturón se entiende que es de Paterna, las brujas de Alcalá, las liberales de Benalup, los que se llevan el hato de Medina, los de los Badalejos van todos en tren y los que utilizan el papel de fumar para otra cosa que no sea hacer cigarros los vejeriegos.
Pero todo este rollo lo escribo además de para intentar desmontar simplificaciones y generalizaciones, asegurar que no es cierto que los catalanes sean unos «agarraos», antipáticos y ruines. Conozco a uno, Mane Alfaro, que trabaja en el archivo histórico de Barcelona que ya con el libro la Tierra me dio tanto ánimo con su ayuda y colaboración que me rompió muchos tópicos. Ahora, que estamos preparando la exposición Casas Viejas desde Casas Viejas, su genorosidad, su empatía y su desprendimiento me han forzado a hacerle un regalo. Espero no ser un «malafolla» y haberlo conseguido.
series del tipo «los Serranos» nos somos más inútiles porque no somos más grandes. Si nos mudamos al ámbito laboral nos encontramos que los funcionarios somos unos flojos, que por la tarde no vamos a la oficina y por la mañana no trabajamos, los profesores solo tenemos vacaciones, los políticos son unos ladrones, los artistas hacen lo que les da la gana y están locos (no puedo poner un ejemplo concreto de lo contrario, pero existir existe, lo juro, sobre todo después de dos acontecimientos) y los peluqueros son todos una panda de homosexuales. (¡Vuelve con la quiniela que es mentira!). Hablemos de sexo. No importa la cantidad, sino la calidad, «no sé de tu escalas por lo tanto eres muy dueña, de ir por ahí diciendo que la tengo muy pequeña», los negros y los musulmanes lo que sea de corbata y los estudiantes hacen mucho eso. Yo creo que lo normal, es decir nada. Por lo menos en mis tiempos, aunque yo una vez ligué.Y llegamos a la guinda; los tópicos geográficos. Los ingleses son unos piratas, los moros unos sucios, sin embargo eso de Isabel la católica y su prenda íntima era verdad, lo mismo que fueron los que implantaron el mundo del aseo en el ambiente feudal cristiano de la Edad Media. Los judios unos mercaderes avariciosos, los alemanes unos cabezas cuadradas (y ellas ja, ja, ja), los franceses unos ombliguistas y los americanos unos chulos, imperialistas y malos. De eso nada monada, que para eso me he ganado a pulso mi Frikimanía Mintziana. Los sevillanos unos miarma, que van de graciosos y enterados, los de Almería si no te la dan a la entrada te la dan a a salida (¡Diego no te vayas!), los gaditanos unos maricas con hermanas y los jerezanos quien no es señorito lo quiere parecer. (Te debía una, me rindo). Los gallegos unos eclécticos que tienen claro que el último que se vaya tiene que apagar la luz, los madrileños unos enterados, chulos y prepotentes (¡Ala Madrid!), los andaluces unos flojos, juerguitas, bailaores y cantaores. No hace falta refutar, ¿verdad?.
Si en nuestra comarca se habla de uno que se ha echado encima el cuatro por cuatro al olvidarse desabrocharse el cinturón se entiende que es de Paterna, las brujas de Alcalá, las liberales de Benalup, los que se llevan el hato de Medina, los de los Badalejos van todos en tren y los que utilizan el papel de fumar para otra cosa que no sea hacer cigarros los vejeriegos.Pero todo este rollo lo escribo además de para intentar desmontar simplificaciones y generalizaciones, asegurar que no es cierto que los catalanes sean unos «agarraos», antipáticos y ruines. Conozco a uno, Mane Alfaro, que trabaja en el archivo histórico de Barcelona que ya con el libro la Tierra me dio tanto ánimo con su ayuda y colaboración que me rompió muchos tópicos. Ahora, que estamos preparando la exposición Casas Viejas desde Casas Viejas, su genorosidad, su empatía y su desprendimiento me han forzado a hacerle un regalo. Espero no ser un «malafolla» y haberlo conseguido.

