Ayer era el tema estrella en los bares de Benalup. Escuche comentarios de todo tipo. Me llamaron la atención algunos por su radicalidad. Uno decía que los políticos alcalainos no hacían más que subir, mientras que el pueblo bajaba. Alguien le contestó que ahora Alcalá está pasando un momento dulce, que hace unos años si estaba mal. Dice José Joaquín León en el Diario de Sevilla «Así como los gaditanos nacen donde les da la gana, según escribió Antonio Burgos, los dirigentes socialistas tienen tendencia a nacer en Alcalá de los Gazules». Leo en el País: «Nacida en el santuario del socialismo andaluz, Alcalá de los Gazules, habló con Zapatero del difunto Alfonso Perales, de cómo mamó la política desde chica (su padre, Paco Aido, fue alcalde de su municipio natal)… y de cómo aprendió a cantar la Internacional Socialista gracias al juguete que más recuerda de su infancia: un muñeco que su padre le trajo de un congreso de UGT. También compartieron las largas charlas que ha mantenido en los últimos años con Felipe González en su refugio de Castellar de la Frontera (Cádiz), o cómo Chaves la acunó con cuatro meses, en las elecciones de 1977, cuando se quedó a dormir en la casa de los Aido tras dejarle tirado su coche por las carreteras de la Sierra de Cádiz» Luego también escuché que alguien se alegraba muchísimo del nombramiento de Bibi porque antes solo eran ministros los Domecq y los Osborne. Más tarde me encontré con un amigo de Alcalá, además de ensalsarme las cualidades personales y políticas de la ministra, me comentó que en el pueblo solo y exclusivamente se hablaba de ello. Quien no era primo, era vecino y quien no había jugado, había hablado o había paseado con ella alguna vez. Era como si España hubiese ganado el Mundial de Fútbol, no más, como si lo hubiera hecho el C. D. Alcalá. Me llamó mucha la atención esa comparación con el fútbol. Parece como si los éxitos de nuestros vecinos, paisanos o compatriotas lo fueran nuestros también. Muchas veces me he preguntado por qué nos alegramos tanto de que España gane una medalla en la Olimpiadas en Taekwondo y luego durante el resto de los cuatro años no conocemos ni las mínimas reglas de funcionamiento. De repente me acordé del libro de Ernest Hemingway «Por quién dobla las campanas». El título procede de la «Meditación XVII» de »Devotions Upon Emergent Occasions», obra perteneciente al poeta metafísico [[John Donne]], y que data de [[1624]]::»Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra. ; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.’‘ (dixit Wikipedia)
