Las consecuencia de esta política autárquica son la miseria, el hambre, el racionamiento y el estraperlo. Uno de los principios básicos de la autarquía va a ser el control estatal de la economía en general y del comercio en particular. Todo se controla desde el régimen, hasta la trampa que conlleva la ley. No en vano, los estraperlistas (el nombre viene de Strauss y Perl dos belgas protagonistas de un escándalo económico y político bajo el gobierno de Lerroux, en la segunda república) son personas vinculadas al régimen que están en connivencia con las fuerzas de orden público. Esa es la España real, en la oficial, también todo está controlado. Los fielatos son locales que controlan la entrada de todos los productos que venga de fuera. Dice el diccionario: «Oficina instalada a la entrada de las poblaciones que recaudaba el antiguo impuesto de consumos». En Benalup se llaman «el punto». Y hay dos. Uno en la entrada norte del pueblo, lo que hoy es la vieja sede del APA del colegio Padre Muriel y otro por el Sur, debajo de lo que hoy es el Colegio Tajo de las Figuras. En aquella época Benalup era una pequeña localidad que no tenía ayuntamiento propio. El alcade de barrio o pedáneo era Don Manuel Sánchez, el maestro, que compartía el poder, con la fuerza fáctica real del Padre Muriel. Ello era asegurado por la guardia civil. La cuestiones económicas estaban baja la tutela de un funcionario de origen medinense llamado Francisco Delgado Ruíz. Este se había casado con María, una de las hermanas Alcantara, aquella familia que había aportado dos alcaldes pedáneos durante la Restauración, que tan buenas relaciones habían tenido con el poder medinense y que se habían convertido en herederos del rico Cantalejo. Curro, el administrador, era el encargado del fielato y de las cartillas de racionamiento, por tanto, era la cuarta pata de la mesa del poder (el cura, el alcalde, la guardia civil y el administrador).

Me ha gustado mucho el libro que me han regalado, «Dios aprieta, pero no ahoga», «La adversidad revierte en la unión. La unión hace la fuerza«. Me ha permitido escribir este artículo del fielato y reafirmarme en que lo importante es que el miedo no te perturbe los sentidos. Para mí, el gusto, el tacto, la vista, el olfato y el oido son importantísimos, pero el sentido de la libertad es imprescindible.
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