Es habitual que la sección de este blog “personajes con historia” esté ocupada tanto por personas con cargo oficial y público, como por otras que no, pero que por su trayectoria vital han tenido una gran repercusión en el pueblo. Hoy me ha parecido oportuno traer a esta sección la figura de Pedro Montes de Oca. Creo que es el benalupense del que más anécdotas me han contado. Se trata de un personaje singular, original, pero, sobre todo, se trata de un fruto de su tiempo. Había nacido en 1919 y murió en 1993. Siempre que hablo con los amigos de él, concluimos que este tipo de personajes ya no existen. Parece obvio que la razón estriba en que ya no son tiempos de sociedad agraria, de predominio de lo personal en las relaciones sociales, de dornillos, de emigración, de socialización exclusiva en los bares, de corcha, de productos artesanos, de bromas tan pesadas, a veces… Para montar este artículo me voy a basar en dos fuentes. Por un lado, el libro de Mintz, y, por otro, el número 1 del periódico La Gaceta de Benalup, dirigido por Manuel Aragón Pina, que en ese primer número le dedicó un pequeño reportaje-homenaje a su fallecimiento. Las fotografías son todas de “el americano”, el cual lo fotografió en numerosas ocasiones, además de hacerle una película sobre su relación con los dornillos y la vida. Me consta que esta película, como las otras cinco, son en la actualidad fuente para estudios antropológicos. Empezamos con Mintz: “Perico era un maestro con el hacha. Había cortado y preparado montones de carbón. Cada verano lo reclamaban mucho como corchero cuyo toque delicado nunca dañaba el tronco de un árbol más allá de la corteza; y tenía la fama de ser uno de los últimos dornilleros de la región. Era una maravilla verlo seccionar el tronco de un árbol, usar un compás para medir las dimensiones y, por fin, cortar y
modelar un dornillo únicamente con su hacha. Cuando hacía buen tiempo, trabajaba bajo la larga sombra de algunos membrillos del huerto que su primo alquilaba y labraba. Cuando llovía, se sentaba a la entrada de una choza donde hubiera suficiente luz para recortar y alisar con los últimos toques la madera, con una azuela y una lima.
Los dornillos de Perico eran muy apreciados para preparar y servir gazpacho en casa y en el campo. Desgraciadamente, la introducción de objetos de cocina de plástico más baratos hizo que, en comparación, el precio de los productos hechos a mano pareciera excesivo. Pocos podían permitirse comprar sus dornillos al precio justo al que él los vendía, por lo que Perico se vio forzado a bajar los precios. Para empeorar las cosas, durante los extensos tratos por un alto número de dornillos, Perico a menudo bebía demasiado vino y, como resultado, cometía errores de cálculo. Sus cinco hijos, casi todos crecidos, se frustraban y enfadaban con él por ser incapaz de regresar a casa con sus provechos o salario intactos.”
