Tengo un poco abandonada la sesión del Fotoblog, Paco Cobi ha puesto en su blog esta fotografía y me ha parecido una buena excusa para retomarla. Esta foto me evoca una frase; «Benalup, Vive la marcha» y puede ser también el símbolo de una época. Estamos en febrero de 1992. En España parecía que ese año iba a ser el fin del mundo. La Expo de Sevilla y Olimpiada de Barcelona llevaban mucho tiempo vendiéndonoslas como la panacea de cada día. En Benalup, recién estrenada independencia e instituto, savia política y cultural se extendía sobre el «baby boom» que aquí se dio en los setenta, dando como resultado una estructura de la población donde el dominio de la juventud era aplastante y con muchas…, muchas ganas de hacer cosas, también de marcha, claro. Son los momentos del Benalup 2000 y de la eclosión en infraestructuras, servicios y equipamientos. La Historia tenía una gran deuda con este pueblo y en estos tiempos la estaba saldando. Parecía, parafraseando a Gil de Viedma que «Casas Viejas expulsaba a sus demonios. Que la pobreza subía hasta el gobierno. Que el hombre era el dueño de su historia« Es momento, como todos los momentos, de resultados, de victorias y de derrotas.
Todos los domingos, desde antes de las doce de la mañana, el pueblo se ponía de carnaval. Gente y más gente abarrotaban aparcamientos, plazas, calles, bares y establecimientos. La Samoa hasta los topes. La piedra filosofal a toda máquina. Benalup vivía la marcha y algunos vivieron mejor que otros gracias a ella.
La historia de la frase es conocida. Los tres Nicolases (Casas-Muni, Cabañas-Rebaná y Hernández-Chori) dedicaron en el curso 92-93 todas sus energías y ganas de vivir a preparar el viaje de estudios («tetas y sopas no caben en la boca«. El resultado les daba igual). Una de las muchas actividades que se inventaron para sacar pelas fue hacer unas pegatinas y venderlas. La leyenda de esa pegatina («Benalup, vive la marcha«) se convirtió en el lema de una época. A noche me contaron una historia de esta foto. Una panda de jóvenes deciden montarse la excusa del disfraz para pasarselo en grande, es decir, salir en carnaval. Hicieron de la simplicidad la virtud y eligieron un tipo que más que poner tenían que quitarse. A uno de ellos, pefectamente, se le podía haber ocurrido el grito de guerra del Carranza: «¡Alcohol, alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual!» Y les daba tan igual que al año siguiente se montaron un dragón, que creo que todavía lo está buscando la policía municipal. No todos los que aparecen en la foto iban en un principio en la carroza. Llevaban en el tractor la logística necesaria para los espantáneos que se subieran al carro. Uno de e
llos, por ejemplo, «pasaba por ahí, ningún teléfono cerca y no lo pudo resistir«. Le pegaron un tirón, arriba, le quitaron la ropa y le pusieron sus pañales. Y le dijeron: «Vive la marcha«. Y vaya si la vivió. Para comprobarlo miren al tercero por la derecha.
Bueno y ahora que… Pues, el tiempo pasa y nos vamos haciendo viejos, la nostalgia ya no es lo que era antes y cualquier tiempo pasado fue anterior.

y la de clases que tuvimos que perder para reunirnos con el de los polvorones, con el de las pegatinas, para ir a hablar con el maxi para que nos dejara hacer fiesta los viernes en samoa, para las rifas, etc, uff, que tiempos….., pero lo conseguimos.