Hay gente que se está enrollando y me están mandando aportacionesvaliosísimas para el blog. Entre las joyas recibidas, tiene un lugar especial el artículo del Doctor Thebussem sobre una cacería en “Ben-Halluz”, publicada en la revista La ilustración Ibero-americana el 26-9-1886. Durante esta semana que comienza hoy publicaré tres pot sobre ella. Ahí va el primer fragmento:

Figúrate, lector, seiscientas hectáreas de terreno llano y arenisco pobladas de acebuches, chaparros, jarras, carrascas y palmitos; figúrate lagunajos, arroyos, zarzas, juncias, cañas y todas las variedades de maleza que producen los tartesios campos, creciendo hasta aprisionar las ramas de árboles corpulentos como sucede en los bosques de Australia; figúrate una torre árabe, alta, robusta, sólida y elegante, coronada con restos de carcomidas almenas; figúrate, por último, varias aceñas de arquitectura moruna que aprovechan las aguas de aquel terreno, sirviéndole al mismo tiempo de bella y pintoresca orla, y tendrás idea del campo de Ben-Halluz. En seis siglos de dominación no han podido el hacha y el fuego del cristiano esquilmar la finca y destruir las obras musulmanas. En Ben-Halluz siempre se admira el lujo de la Naturaleza y se recuerda siempre la dominación de los agarenos”. Creo que ya he escrito varias veces en este blog que me gusta la poesía cargada de futuro, la que toma partido hasta mancharse, como decía Celaya. Cuando leí esto se me presentaron dos alternativas. Podía hacer llegar este texto a una empresa turística de la zona y que la utilizara para su publicidad, ocultando que en 150 años ha cambiando mucho el panorama. La segunda alternativa era expresar mi rabia porque lo que no consiguieron el hacha y el fuego cristiano en seis siglos, lo estamos consiguiendo nosotros en unos pocos de años ¿cuántos? y, sobre todo, porque tengo la impresión que en “Ben-Halluz” ya no como debiera se admira el lujo de la Naturaleza y se recuerda siempre la dominación de los agarenos”. A mí me parece que si nos damos una vuelta por “las seiscientas hectáreas de terreno llano y arenisco pobladas de acebuches, chaparros, jarras, carrascas y palmitos; figúrate lagunajos, arroyos, zarzas, juncias, cañas y todas las variedades de maleza que producen los tartesios campos, creciendo hasta aprisionar las ramas de árboles corpulentos como sucede en los bosques de Australia, nos podemos menos que sentirnos culpables. Los que me conocen saben que soy muy pesado con las frases hechas. En los primeros puestos del ranking tengo esa de que “las cosas tienen la importancia que nosotros les damos”. Pues bien, nos deberíamos sentir culpables de no haber sido capaces de darle la importancia que tienen esas 600 hectáreas y esa “torre árabe, alta, robusta, sólida y elegante, coronada con restos de carcomidas almenas” Entre las dos alternativas que tenía, opté por escribir este artículo.

La fotografía es de 1993, de Paco Cobi.

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