El franquismo llegó a esta zona con el alzamiento, el 18 de julio de 1936. La vida se transformó con el cambio de régimen. No creo en la objetividad absoluta, pero me parece que sostener que Casas Viejas empeoró su situación con la llegada de este régimen es una verdad comprobable. Leyendo las actas de los plenos ya aparecen algunos síntomas. Automáticamente, sin que exista acuerdo legal, Casas Viejas dejó de denominarse así y se tornó en Benalup de Sidonia. Por otra parte, la presencia de sus asuntos bajó muchos enteros, viejas reivindicaciones que estaban en proyecto de solucionarse como la construcción de un nuevo cementerio o de un grupo escolar se dejaron en el cajón del olvido. No creo que sería exagerado afirmar que a Casas Viejas se le castigó por su pasado revolucionario, como escribió José Herrera: “La tragedia se hizo mayor cuando los huérfanos de la masacre tuvieron que sobrevivir como sospechosos a la época posterior”. Una culpabilidad que se visualizaba, por ejemplo, cuando el jefe del estado venía a cazar a Las Lomas y viejos anarquistas como Miguel Pavón tenian que ingresar en el cuartelillo de la Guardia Civil. Si nos planteamos que queda en la actualidad sobre los Sucesos de este periodo concluiremos que la mayor huella estriba en el intento de borrar toda huella. «Los campesinos se habían equivocado y debían pagar por ello». Lo mismo que borraron de hecho el nombre de Casas Viejas, había que borrar todo lo relacionado con ello. José Carlos Luna en el ABC de 19-6-1937 lo expresa de esta forma: “¡Pobre Benalup de Sidonia! Escenario ayer de la farsa más inicua que soñara la humanidad y tan risueño hoy… pregonando que se guisa para comer y que se come porque se trabaja en paz y en gracia de Dios.” Y así hasta el 20 de noviembre de 1975 y más. Para la exposición de Casas Viejas desde Casas Viejas los alumnos hicieron varias encuestas sobre este tema, llegaron a varias conclusiones, entre las que destacan que: “ haber tenido relación con los Sucesos era un aspecto que influía negativamente en sus vidas, así como que el grupo de personas que habían sido anarquistas estaban muy mal vistos y eran pésimamente considerados”. Coinciden todos los entrevistados en que la información sobre los Sucesos se transmitía de “una forma oscura, era un tema tabú. En algunas casas se hablaba del tema, pero con mucho miedo, y otras ni se llegaba a mencionarse siquiera. Fuera del círculo familiar nunca se hablaba de este tema. Ninguno estudió este asunto en el colegio” “Antes se veía como algo malo, ahora hay quien ya lo ve como que la gente defendía lo suyo”. En definitiva, el franquismo significó un parón en el desarrollo del pueblo que se vislumbraba en la segunda república, una vuelta a la vieja dominación del Antiguo Régimen y la implantación de un miedo, de un fatalismo y una represión feroz que hacía que todo lo relacionado con los Sucesos se asemejara al viejo complejo de culpabilidad, por lo que se cubrió con una gran loza de silencio, de tabú, y otorgó a todo un pueblo la peor condena con que se le puede sentenciar: la ocultación de su pasado y la imposición de la ignorancia, por decreto. Robándole la ocurrencia a un amigo mío, en aquellos años se sitúa la creación del INFOCA (INstituto de FOmento del CAtetismo).
