Hay fotos y fotos. Y esta siempre me ha llamado la atención, tanto que voy hacerle un pot, para la sección del fotoblog. El americano le robó un instante al tiempo y dejó congelada para siempre la luz en un papel. ¿De qué se ríen o sonríen estos nueves jornaleros que van a comer según el rito de “cuchará y paso atrás”?. Pueden existir varias hipótesis. Quizás tras una dura mañana trabajando, el dornillero haya dicho a comer y ellos contentos y felices se dirigen a ello. Hay tres que han llegado antes, y los otros esperan su turno. La fotografía no debe ser muy antigua, porque aunque hay quien lleva lonas en los pantalones, también los hay con vaqueros. Todos llevan en la cabeza gorra, salvo el que más se ríe, que lleva un gorro más moderno. Al fondo hay un arroyuelo, que nos indica que el gazpacho se lo están comiendo en el hato, pues estos se establecían cerca de manantiales o corrientes de agua. Las herramientas de la derecha y el paraje nos dan a entender que esta gente está de corcha. No me quedo muy satisfecho con la causa de la sonrisa de estos hombres. También puede ser que Mintz dijera:”foto” y ellos se pusieran en situación de pose. Una fotografía era una cosa muy especial y todos queremos inconscientemente o no, salir lo mejor posible. ¿Quién ha dicho que la coquetería es un tic exclusivo de las mujeres?. Esta vanidad se suele reflejar con una media, corta o larga sonrisa porque tenemos interiorizado que así sale nuestro mejor perfil. También se ha inventado el mecanismo de repetir una palabra para que se ponga la boca bien, como patatas, 22 o clítoris.
El fotógrafo Mintz contaba en Los anarquistas de Casas Viejas, que unos señoritos comiendo en un cortijo se planteaban como los jornaleros podían comer a base de “cuchará y paso atrás” en los dornillos, cual cochinos en el monte o en la zahúrda, todos a la vez. Llegado esto a oído de los jornaleros, revotaban la pregunta pero con la coletilla de que los señoritos no podían comer en los dornillos, porque sus cuernos se lo impedían y así tenían que hacerlo en un plato individualmente. El chascarrillo como anécdota de luchas de clases es de diez, aunque “el generalísimo Franco sacó un decreto por el que prohibió la lucha de clases. Como no le gustaba que existiera, decidió encarcelarla” (Javier Ortiz). Aunque a mí me gustaría, estos hombres no se ríen de la causa por la que los señoritos no comían en dornillos. Hay cosas que son incontrolables e inaveriguables y la risa es una de ellas. La verdad es que esta foto, con la sonrisa y con el rito de la “cuchará y paso atrás” siempre me ha recordado la anécdota de los cuernos. Por eso será que me gusta tanto, aunque el motivo de la risa, algo siempre subversivo, como se retrata también en El nombre de la rosa, nunca lo he sabido y mucho me temo, tampoco sabré.

ahora que tengo un poco más de tiempo para leer… y también tu blog. Me alegro y me gusta mucho que comentes una fotografía como se comenta un texto o una obra pictórica. Esta es muy buena. Yo creo que se ríen porque Mintz les dijo que le dejaran un poquito y no se lo comieran todo…jeje!Un saludo Salu.