
Interesantes, además de poco conocidas son las ermitas construidas, en ese paraje. En 1754 comenzó las obras de la primera, la dedicada a los Dolores de Santa María y San Pedro Apostol, en 1757 en honor del Arcángel San Miguel, el mismo año la de los Santos Mártires San Esteban y San Lorenzo, junto con San Francisco de Asís y la dedicada a Santa Teresa de Jesús y otra a San Pedro Apóstol. Las tres últimas fueron dedicadas a Elias, Eliseo y San Juan de
“Como los aires son muy sanos y las aguas poseen eficaces virtudes curativas, con el tiempo se fueron fundando algunas hospederías cerca del Desierto para personas que de Tarifa, Gibraltar, Algeciras, Medina Sidonia y otras partes acudían al Cuervo para curar sus achaques» (Augusto Compte). A finales del siglo XVIII vivió el convento su mejor época, la fama de sus aguas medicinales trascendió y eran numerosas las personas enfermas que acudían en busca de solucionar sus problemas de salud. “Deseosos los padres carmelitanos descalzos de atender, no sólo a la salud espiritual de todos los que acudían atraídos por la fama de las aguas del santo cenobio, sino también de la salud material de aquellos pobres
enfermos, aprovecharon la presencia en el Desierto del Dr. Mirabete y Martínez, afamado médico que ejerció su profesión en el último cuarto del siglo XVIII, en la ciudad de Cádiz, para solicitar de él unas instrucciones sobre el uso de las aguas. El propio Dr. Mirabete da cuenta de ello en la página 10 y 11 de su curioso folleto.” (Augusto Compte). Los enfermos buscaban remidio a enfermedades tipo estupor, parálisis, histeria, escorbuto, opiladas, caquexis, tercianas o cuartanas.
Como escribe Rosario Fresnadillo: » La indiscutible riqueza acuifera de

Lástima que la mayoría de la gente de Benalup no hayan podido todavía disfrutar del monasterio del cuervo.