Hoy aparece en el Diario de Cádiz y en laVoz digital la siguiente noticia. Ello no nos puede dejar indiferentes y mirar hacia otro lado, como si no estuviera ocurriendo en nuestro entorno.La construcción de este complejo turístico está haciendo tan trascendente para el devenir histórico de Benalup-Casas Viejas que hay que huir de simplismos del tipo del dualismo irano (bueno o malo). Tenemos que contextualizar la creación de emporio turístico en la saturación del modelo de turismo de sol y playa (y el problema de la estacionalidad inherente a ese modelo), en el boom del turismo en torno al golf y en el despertar turístico del interior cercano a la costa, lo que se denomina segunda línea de playa. Por otra parte, tras un pasado marcado por la dependencia política y económica, Benalup-Casas Viejas, a partir de los noventa, conoció un desarrollo económico, cultural y político sin parangón en la provincia. La construcción del campo de golf está teniendo y tendrá consecuencias positivas y negativas. No se trata solo de la creación de un campo de golf o de un hotel o de una macro urbanización de chalets… es todo eso y más. Dicen los expertos que aquellos proyectos en los que la génesis de un campo de golf surja para exclusivamente facilitar una gestión estrictamente inmobiliaria están abocados al fracaso, mientras que «si la construcción está asociada a un proyecto turístico (Resorts…), aunque combine una parte de promoción inmobiliaria, y la oferta del Campo es parte inherente a la competitividad de los establecimientos turísticos y/o del Destino, tiene más posibilidades de durabilidad en el tiempo«. A mí me parece clave para su valoración histórica la relación de este complejo, de sus dueños y sus usuarios con la
comunidad benalupense. Hasta el momento, ha habido buenos y malos momentos, pero debemos ser conscientes de que esto es un proceso que no ha hecho nada más que comenzar. Bajo mi punto de vista es necesaria una relación simbiótica entre ambas comunidades. Me parecen evidentes (sería discutible el grado) los impactos medioambientales, en nuestras tradiciones y en precios que ha tenido sobre nuestra población. Los mayores impactos negativos se produce en la fase de construcción, pero ahora estamos entrando en una segunda fase. De todos los peligros que acarrea la construcción de un campo de golf el más acuciante, desde mi punto de vista, puede ser la relación con su entorno. «Los promotores construyen sus propias ciudades. La iniciativa privada crea nuevas ciudades al margen de la ordenación territorial promovida por la administración pública, ignorando todos los procesos históricos que han configurado nuestro actual sistema de ciudades. Por otro lado, fomenta la creación de guetos y “subciudades” donde los residentes apenas tienen relación con la población del entorno. En el caso de los extranjeros, estudios recientes ponen de manifiesto que un alto porcentaje ni siquiera aprende castellano». En el caso que nos ocupa, las potencialidades positivas se antojan también importantes. El aprovechamiento de la oferta de servicios culturales (el teatro por ejemplo), deportivos (el spa, el gimnasio, las pistas de tenis…), de Restauración (es impresionante la variada oferta gastronómica), las plusvalías y las consecuencias indirectas, y, el aporte de puestos de trabajo para los habitantes de nuestra población se pueden convertir en la piedra de toque que incline la balanza hacia el lado positivo. Si así ocurriese todos saldríamos ganando. El campo de golf no se puede convertir en un oasis artificial dentro de un desierto con el que no mantiene ningún tipo de relación. Para que ello no ocurra, las dos partes tenemos que mucho que decir y discutir.
