Alberto, ese conocido profesor protagonista de otros pots de este vuestro blog, no le ha apeticido entrar en la discusión sobre si los niños de ahora saben menos o más que los de antes. Pero lo tiene clarísimo. Busca en google una vieja frase que le recuerda esta conversación. Pone jóvenes y le sale: «Nuestros jóvenes de hoy en día aman el lujo, tienen pésimos modales y desdeñan la autoridad, muestran muy poco respeto por sus superiores y pierden el tiempo yendo de un lado para otro, y están siempre dispuestos a contradecir a sus padres y tiranizar a sus maestros«. Los argumentos que se utilizan en su bar de cabecera son variados. Desde que los chicos de ahora no tienen respeto, no saben quienes eran los Reyes Católicos o hacer una raíz cuadrada hasta que según una encuesta « el 62,2% de los profesores de Secundaria considera que sus alumnos son peores que los de hace unos años» A Alberto no le parece lógico que los alumnos empeoren según mejoran su nivel de vida y sus recursos tecnológicos. Recuerda que él tuvo que poner en un examen que América «se descubrió» por la gracia de Dios o que los mejores gobernantes que hemos tenido los españoles fueron los Reyes Católicos, aquellos de los que luego la falange tomó la F de Fernando y la I de Isabel para crear su símbolo del yugo y la flecha. Alberto intenta explicar que en las circunstancias técnicas e ideológicas de principios del siglo XXI es más importante tener que claro que no se puede expulsar a nadie de su tierra por cuestión de raza, religión o ideología que saberse los reyes visigodos o las peripecias de los Reyes Católicos. A Alberto siempre le han repelido aquellos que quieren imporner sus ideas expulsando de su tierra a «los otros», como hicieron Isabel y Fernando con los judíos. Pero en el fragor de la conversación el ímpetu de sus contertulios no le permite exponer sus ideas. Siente un nuevo impulso cuando se habla de que a los alumnos de hoy en día no les interesa nada. Le pone cara a los cambios ocurridos en Benalup, y a los de su tutoría en particular. Se acuerda de Paco, melómano por devoción, un muchacho de 16 años que es repetidor, se aburre en clase y se encuentra desmotivado para los estudios, pero acude siempre a él para que le solucione los problema de la red Wifi. También se acuerda de Silvia que habla el francés y el inglés perfectamente, ha estado en Marruecos, Italia, Francia e Inglaterra y es el orgullo de sus padres que a esa edad todavía no habían pasado de Medina. O Jessica Vanessa que está harta del insti, que desea fervientemente tener 16 años para irse a casa y dejar de escuchar como su madre le dice que con 10 años ella recogía ya algodón y que no pudo hartarse del instituto, ni del colegio porque no estuvo nunca. Pero tampoco puede intervenir esta vez en la conversación. Hay mucha gente y domina el pesimismo en la charla. Alberto siempre ha pensado que el pesimismo es conservador y retrogrado, que el mundo hay que cambiarlo, con el optimismo de la voluntad y con la educación. Piensa que hay que darle la importancia que se dice que tiene la educación asignándole los recursos adecuados. También cree necesario que los técnicos conserven su independencia y su profesionalidad, que no puede ser que estén supeditados a decisiones caprichosas e interesadas de los políticos. Es decir hacer realidad la tan cacareada trascendencia de la educación y la autonomía de los Centros. Alberto piensa que ver a los alumnos como algo que empeoran progresivamente es un recurso tan manido y simplista que ya se utilizaba en el siglo IV antes de Cristo, cuando Sócrates dijo aquello de: «Nuestros jóvenes de hoy en día…» Pero hay tanto compañeros y amigos en la conversación que participan que no puede decirlo. Así que decide escribirlo en este blog y retomar la conversación esta noche.
