Vayamos por partes, empecemos por el vestíbulo y después fijamos nuestra atención en la cámara interna. La escena más importante de todas y la más antigua se sitúa en el vestíbulo, a la izquierda. En esta escena aparecen 9 figuras humanas; tres guerreros, tres mujeres, dos niños y una diosa o virgen. El centro de la escena es un gran ciervo con 12 y 7 candiles. Parece ser que el sentido de esta composición es una oración para la fertilidad de los seres humanos. Nótese que el órgano masculino en hombres y animales siempre está bien aparente y de proporciones exageradas. Esta realizada en estilo seminaturalista, predomina el color rojo claro. Como se trata de una escena y se huye del esquematismo los expertos la han relacionado con la pinturas del levante español, pero a diferencias de estas que fueron realizadas en el Mesolítico, aquí hay que datarlas en el Neolítico. En ello reside su originalidad e importancia. En la parte derecha del vestíbulo aparece otro gran ciervo en rojo más oscuro, de estilo también semiesquemático rodeado de una serie de pinturas a penas perceptibles con un estilo menos naturalista y no formando escena como en la de enfrente. En la cámara interna de la cueva, podemos contemplar tanto en las paredes como en el techo multitud de figuras de todo tipo, destacando los ciervos (el gran protagonista de estas pinturas), aves (ánades, garzas, grullas…), símbolos diversos y alguna figura que podría representar la silueta de un barco. En este abrigo domina el estilo esquemático del Neolítico. Muchos autores consideran que estamos asistiendo al inicio de la escritura, aunque sea una escritura jeroglífica. Entre los signos más importantes destacan nidos, cabañas, lazos, soles, estrellas, barcos y otros cuyo significado no conocemos. Entre todos estos signos los más importantes y que más se repiten es el jeroglífico del «pastor del rebaño» universalmente hallado desde el año 2.000 A. C., signo no sólo indica el orgullo del hombre poseyendo un rebaño de muchas cabezas, sino también pidiendo a la deidad por la proliferación de los mismos. En este tipo de signos dominan las pinturas de color blanco. Son las más modernas, de finales del Neolítico, Edad de los Metales o incluso de época romana. Representan una idea no una forma.

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