Hoy no me ha tocado la lotería (la entrada está programada), pero para el Niño seguro que sí. Para esta lotería el número más jugado en Benalup es, sin duda, el 8010, con cerca de 300 participaciones. La razón, como tantas otras cosas, hay que buscarla en el pasado.

Hace ya bastantes años que la Cruz Roja hacía participaciones de Navidad que eran vendidas entre amigos y colaboradores para obtener algún ingreso con el que sufragar parte de sus actividades. Así, los talonarios eran repartidos en los bares y la gente compraba allí su participación.

Como en Benalup no había Administración de lotería, se adquiría, como tantas otras cosas, en Medina, en la Administración que regentaba Higinio Maeztu. Por casualidad, un año el número asignado a la Cruz Roja fue el 8010. Desde Bilbao, una cofradía de pescadores que jugaba este número se puso en contacto con la Administración de Medina para ver si podían adquirir más billetes de este número. Esta, a su vez, hizo de enlace con la junta directiva de la Cruz Roja benalupense y llegaron al acuerdo de que, como el número estaba dividido en participaciones, estas serían vendidas a la cofradía de Bilbao, con lo que el objetivo de sacar dinero se cubriría rápida y fácilmente.

Muriel y Leo fueron por los bares para recoger los talonarios, pero, un poco en broma y otro poco en serio, los dueños, aunque no habían vendido todavía ninguna participación, dijeron que ya estaban vendidas… Algo raro estaba pasando.

En el bar de Acho, en lo de Pepe Colmena, etc., se fue extendiendo el rumor de que ese año tocaba el 8010. Unos decían que había sido un OVNI el que se lo había comunicado a los pescadores bilbaínos, otros que si un experto en parapsicología… El hecho es que las escasas participaciones que se repartieron lo hicieron con un boato y a un precio, a veces, exorbitado.

El rumor se extendió como la pólvora: en el pueblo estaba el número que iba a ser premiado y lo tenían solo unos pocos. En Chimono había un talonario entero y la gente presionaba para que se le vendiera una sola papeleta. Una vecina del pueblo, que vio que no lo vendían pese a todos los argumentos utilizados, deseó que tocase de verdad, que le dieran el premio en calderilla y que se lo colgaran al pobre del dependiente en los testículos.

El hecho trascendió, salió en los carnavales de la provincia y en el Diario de Cádiz. La noticia llegó a Torrent y se extendió como la pólvora por todos los pueblos de alrededor. Los vecinos emigrados llamaban solicitando a sus familiares que, por favor, les consiguiesen alguna papeleta. A cuenta de este asunto hubo algunos disgustos familiares, ya que no comprendían la imposibilidad que tenían los del pueblo para conseguirlas.

Por supuesto, aquel año no tocó, pero lo sucedido hizo que se extendiera cierta aureola de misterio sobre ese número y, en la actualidad, somos muchas las personas que lo jugamos. Hubo años en que fue agraciado con varias pedreas y rápidamente se conectó con el caso de los bilbaínos. Fui testigo de que un amigo mío (que en su segunda vida será lotero, pero que en esta es maestro) le fue a pagar el premio del año anterior (2.500 pesetas) a otro amigo, pero como aún no le había abonado la participación, se llegó al acuerdo de que las 2.000 pesetas resultantes nos las tomaríamos en cerveza, vino y tapas en lo de Carballido.

Yo, lógicamente, desde que llegué aquí y siguiendo la tradición, este año llevo una participación del 8010. Además, me han dicho que, como es el 25 aniversario del intento de la cofradía bilbaína de hacerse con ese número, este año toca.

El resultado lo voy a invertir en hacer un libro de fotos de Mintz y montar exposiciones con sus fotos de la calle San Juan y la Alameda, la ganadería de los años sesenta o las chozas de esa época. Y seguro que toca, porque dicen que la suerte se alía con los que la buscan.

La lotería nos enseña a tener ilusión por las cosas y nos prepara para asumir que no siempre se consigue lo que se quiere. Y que, por tanto, hay que buscar argumentos para seguir respirando porque lo importante es la salud.

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