Inicio hoy una serie de cuatro entradas sobre los motes benalupenses. Esta copiada integrámente, con permiso de los autores, de la revista «El Casas Viejas» de 1996.
Desde Albanta, a 21 de febrero de 1996
A los desocupados lectores de la revista “CASAS VIEJAS” y sobre todo a aquellos alumnos de 4º A que durante este verano me ayudaron a pasar en Benalup unos momentos inolvidables.
Cuando volví a casa, intenté recordar las calles de vuestro pueblo y a esos habitantes que, con sus graciosos apodos me volvieron un poco loco. Pero en Albanta no se estila llamar a la gente con tanta gracia y ocurrencia, así que no tuve más remedio que recordar aqeullos días contando lo ocurrido a mis amigos.
Mi primer contacto con este arte para no llamar a nadie por su nombre, pero que todos lo entenderan me ocurrió en lo que allí llaman “lo de Pepe”. Estaba tomando café cuando oí a un anciano decir lo siguente:
-«Cucha, que dice el Roper que si no llueve este año, el Buñuelito va a regar con gaseosa”.
– “Anda ya”, contestó el otro anciano, “que ese es más exagerado el Aquejundo, que un día judio a uno y se le quedó el nombre”.
Tras oír esa misteriosa y enigmática conversación, la curiosidad comenzó a picarme. Pedí al camarero que me explicara quiénes eran esas personas, pero el muchacho desconocía sus nombres, aunque hubiera podido llevarme directamente a sus casas. 
Tras pagar el café, le pedí que me indicara un lugar donde comprar algo para comer, la sorpresa fue la contestación que me dio.
-Tira por la calle de allí y ve al supermercado del “lobo”, ¡ah!, dile que te manda el “Titi”. Si no tiene lo que quieres, sigue “palante” y ve a lo de “Guiñaita”.
Después de esto me asusté: “un lobo” con supermercado y alguien que me guiñaría al pedir lo que yo buscaba, además ¿con qué cara le digo a un lobo que me manda un titi?
Tras comprar en lo del “lobo” me fui derecho a donde me dijeron que podría solucionar el asunto que me había traído al pueblo. La verdad es que cuando me enteré de que iba directo a lo de “si lo sé vengo antes” me asusté. Pero no, todo lo arreglé rápidamente, aunque mis sorpresas aumentaban poco a poco porque al no tener dinero suficiente, el gestor me sugirió que fuera al banco para hablar con “la blanca doble” quien gentilmente me atendería.
Las dos fotos son de Mintz
