La cocina no ha sido un ámbito exclusivo de la mujer. Ni antes, ni ahora. Si es cierto que antes estábamos en una sociedad machista y ahora lo seguimos, aunque menos y
con más disimulo. Todos tenemos amigos que tienen un don especial para los guisotes. Los conozco de dos tipos, aquellos que aprendieron a cocinar en el piso de Cádiz, mientras eran estudiantes y los que lo han hecho en el campo, mientras que eran jornaleros. En la sociedad premoderna llegaron a ser una profesión; se les llamaba los gazpacheros, y muchos cortijos tenían uno para hacerles de comer a los trabajadores. El nombre le venía porque ese era el guiso más habitual, pero también hacían refritos, garbanzos, almuerzos… Eran como los chicos que trabajan ahora en los bares de “fast food” comida rápida o comida basura, cuya única misión es preparar la comida a los trabajadores, pero salvando las distancias. Normalmente, los jornaleros no iban a casa a comer, ni a dormir, aunque estuvieran trabajando relativamente cerca de ella, ni allí, ni en el campo iban a encontrar los modernos aparatos de aire acondicionado, televisiones o bañeras que ahora si tenemos en nuestras viviendas. Así que se quedaban en las gañanías, en las que cabían unas 30 personas. Éstas tenían muy mala ventilación, obviamente, sus necesidades las tenían que hacer en el campo. La fotografía 1 es una improvisada
gañanía en una nave agrícola. Trabajaban durante unos 10 días (dependiendo de los casos), entonces volvían a su casa en la tarde del décimo día para cambiarse de ropa («voy de limpia») y volvían al campo la mañana siguiente. La mayoría de las veces, la limpia conllevaba una borrachera muy grande. Como los trabajadores no iban a casa a comer, un jornalero de la cuadrilla se encargaba de hacer la comida; el gazpachero. Para ello encendía una hoguera con ramas de árboles. Ponían dos palos hincados en el suelo y otro palo largo en lo alto. Amarraban la olla con un alambre o con una cuerda resistente, como se ve en la fotografía 2 y 3. Las raciones para las cuadrillas de trabajadores eran provistas por los propietarios como parte del sueldo. Cada grupo de diez hombres recibía diez kilos de pan y un litro de aceite diarios; cada diez días se les adjudicaba un medio (dos kilos y medio) de garbanzos, vinagre y sal. Los hombres comían directamente en el dornillo, según la fórmula de»cuchará» y paso atrás, como se ve en la fotografía 4. 
