De todos los artículos de opinión que he leído sobre los Sucesos de Casas Viejas el que más me ha impresionado es el de José María Ridao en la revista El Siglo, se llama El juego de las ocultaciones y hace mucho tiempo que Fran lo tiene colgado en aquel viejo proyecto de página web que hace tiempo que realizó. Mantiene el autor que en España de palabra y obra se ha reinventado la historia, fomentado y ocultando, según se trate, lo que interesa. Para demostrar su tesis Ridao pone dos ejemplos; el de la construcción de la iglesia de Santa María la Mayor sobre la antigua mezquita, en Medina y el del nuevo pueblo de Benalup sin dejar huella alguna de los Sucesos del 33. Se puede leer en su artículo: “La desproporcionada exuberancia de las manifestaciones religiosas en Andalucía, así como la llamativa promiscuidad entre el poder civil y el eclesiástico, tienen que ver con el deseo de borrar las huellas del pasado musulmán… la iglesia de Santa María la Mayor podría constituir, en realidad, uno de los más representativos testimonios de esta soterrada disputa …” Magistralmente, Ridao relaciona el intento y la consecución de borrar el pasado musulman, con la inexistencia de huellas que recuerden los Sucesos :”la fallida rebelión de Seisdedos y sus compañeros ha caído en un olvido voluntario, parte del juego de ocultaciones con el que se ha querido escribir muchas veces la historia de España”. Cuenta después Ridao como se utilizaron los Sucesos para derrocar a Azaña y como las mentiras y patrañas inventadas:” no pudieron ser definitivamente desmentidas hasta 60 años después. Fue entonces cuando la familia del general Franco decide devolver un auténtico tesoro para conocer lo sucedido en Casas Viejas: los tres cuadernos del diario de Azaña robados del Consulado General en Ginebra… En realidad, la voluntad que le animó a sustraer esos documentos debió de ser la misma que la que se observa en algunos detalles de los muros de la Iglesia de Santa María la Mayor, la misma que subyace en el hecho de cambiar el nombre de la aldea donde tuvieron lugar los sucesos” El final del artículo es majestuoso: “Mientras que en la fachada de la iglesia de Benalup se exhibe una placa de mármol conmemorando los 25 años de apostolado del «Reverendo Padre Manuel Muriel Guerra … la tragedia de Casas Viejas no se recuerda más que a través de un poema y un mural pintados sobre una tapia… …”

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