Un mote para que sea buen mote tiene que tener varios ingredientes; debe contener ironía, debe tener muchas connataciones y tienes que perdurar hasta la eternidad, teniendo, como la monarquía, carácter hereditario. Si además conlleva un pelín, solo una pizca, de incorrección política y mala uva ese mote es un pelotazo. Esta sección de motes de toda la vida comenzó a sugerencia del Papita chico, comprometiéndose a mandarme información sobre «el peazo» mote que tiene su papa. Aunque pueda parecer que le viene por la tradicional y persistente cercanía de Juan Antonio Aguilera a la Iglesia, el origen concreto es otro. El mote es tan bueno que hace falta una foto para demostrarlo, por eso, hasta que no he tenido la foto en mi poder, no he podido publicarlo. En la fotografía, El Papa, ese que antes se llamaba Juan Antonio, es él del centro, el que tiene la corona puesta. A principio de la década de los cincuenta, con menos de diez años en su ciudad natal de Medina, el que luego iba a ser Papa, participó en una obra de teatro organizada por una de aquellas misiones que menudeaban en la España de Franco. Se representaba uno de los sacramentos. Los misioneros le dieron el papel de Papa y con él, Santa Rita lo que se da no se quita, se quedaría hasta la posterioridad. Su hijo dice que iba para actor, pero se quedó en maestro escuela. De Medina el mote pasó a Benalup y tuvo tal éxito y tanta trascendencia que si a mí no me hubiera dado la información sobre su papa el hijo del Papa yo no me hubiera atrevido en la vida a contar públicamente la historia del mote del Papa. Ni aunque me hubiese dado permiso el mismo Papa.
