Me mandan esta fotografía y me dan los datos. Por supuesto que se merece un fotoblog.Boda en el año 65 en el cine Román. Se casan Pepe Moreno y Belén Román. La familia del novio de Cantarranas, la de la novia de Benalup. Tres generaciones; los mayores, los adultos y los niños. En la mesa una espectacular tarta nupcial, vino y Coca Colas. Es día especial, uno/a de la familia se casa. Alguien dice que foto y los familiares se arremolinan en torno a los novios con cierto desorden. En la primera fila, de izquierda a derecha, aparecen Manuel Moreno, Oliva Sánchez, Teresa Román –la madrina-, Juana María Sánchez, los novios y Cayetano Cózar,-el padrino-. En la fila del centro María del Amor Román, Juanayo -Juan Román -, Ántonia Estudillo, Isabel Román, dos Andreas Román, y «el hombre que está detras de la tarta creo que es padre de la novia y es hermano de Juan Román, se llama Miguel Román, «Miguelallo» le decían.” Se trata de un momento importante. No todos los días esta gente se echa una fotografía. Todos miran a la cámara. Salvo Manuel Moreno que va a enceder un cigarro y Oliva Sánchez, que intenta sin éxito atraer la atención de Juana Mari, hipnotizada por la cámara del fotógrafo. Son tres planos; el primero está dominado por la formalidad de los novios y la familia más allegada, el segundo por las medias sonrisas. En el tercero la alegría se desborda. Al fondo, los niños se las ingenian para salir en la fotografía. Posiblemente se hayan subido en sillas. Todos ríen. Pero hay uno, en la última fila a la izquierda, que tiene los ojos muy abiertos. No sé quien es, pero es mi protagonista de esta foto. El rostro de satisfacción y emoción ante el hecho de que estén congelando esa milésima de segundo es evidente. Es como si pudiera ser posible atrapar la alegría, encerrarla y hacerla eterna. La luz se ha depositado en un papel y la magia de la fotografía ha posibilitado que llegue hasta nosotros. Satisfacción y magia que han desaparecido, en parte, por la rutina y la pérdida de valor de la fotografía que ha supuesto la invasión de las cámaras digitales. Evidentemente, valoramos ahora las fotografias menos que antes, cuando eran más caras y se prodigaban menos. Es lo que tienen estos tiempos modernos que estamos viviendo. Ha aumentado la cantidad y las necesidades creadas, ha disminuido la calidad y la emoción. ¿Qué tienen que comprarle a cualquier chaval para que ponga las cara de satisfacción y emoción que tienen los tres de la última fila?. Magia y emoción que han quedado atrapadas en esta foto de boda en el cine Román de 1965.
