Es costumbre de los pueblos de esta zona bautizar con algún mote a los pobladores que se establecen por aquí. Algunos cuajan y otros no. Pongamos un ejemplo de cada. En el curso 91-92 vino destinado al instituto de enseñanza secundaria Francisco Leocadio Labrador Jiménez, venía de Isla Cristina, pero era y ejercía de sevillano de pro y de sevillista de afición. Otro sevillano, pero bético, lo bautizó rápidamente. Era el año de la Expo 92 y este profesor de Dibujo tenía un parecido asombroso con la mascota oficial. Cobi, cobi, cobi y con Cobi se quedó. Ni los años, ni la vida, ni dos hermosas razones que luego le acaecieron pudieron quitarselo de encima. El otro mote es el mío. Yo llegué un año
después, en el curso 92-93. Algunos alumnos decían que me parecía a Paco Clavel y empezó a circular el mote. Aquel año dabamos las clases por la tarde y en carnaval nos dijeron que se cortaban las clases ordinarias para asistir a una actuación de los mosquitos de la Janda. Seguramente él me dijo que había que disfrazarse. La gente que viene de fuera quiere agradar y adaptarse rápidamente a las costumbres. Yo pedí
asesoramiento y ayuda a Marieta, una amiga profesora gaditana y me vestí de Paco Clavel. En la casa de la cultura actuaba la chirigota, estando en plena actuación, entré yo vestido de Paco Clavel, esperaba que todo el mundo estuviera disfrazado, no había nadie vestido, eran las seis de la tarde, fueron mis cagarrutas, si la tierra no me trago fue porque no quiso, ya que lo pedí numerosísimas veces. Luego, el mote no cuajó. Ha quedado como una anécdota más, recurrente para que cuando ponemos a
trabajar nuestra amistad y nos metemos el uno con el otro; él me la recuerda siempre, yo saco a colacción lo de las lentejas. Lo mismo que no nos parecemos en los motes, tampoco en la manera de contemplar los belenes. Pero tenemos muchas cosas comunes; somos Sopacas que llegamos de fuera y nos vamos a quedar a vivir aquí, somos gaditanos aunque nacimos donde nos dio la gana y disfrutamos muchísimo haciendo eso durante mucho tiempo en nuestro lugar de trabajo (¡nunca había pensado yo que eso estaba relacionado con los sopacas!). Una vez, en lo de For, (de infame recuerdo para Jesús), nos juramentos en que Casas Viejas siguiera unida a esa palabra. Eran los tiempos en los que él iba de iluminado (con lámparas) por la vida y a mí no me habían dado Estopa aún. Esa manera de ver la vida todo bajo el prisma de lo que nos da la gana (técnicamente se denomina libertad) es lo que nos hace ser amigos y que me pueda permitir el lujo de amenazarlo con escribir sobre las lentejas si mañana no me sube el vídeo y el DVD que me debe. ¿Seré capaz? Continuará.
