Y termina diciendo: «Supe de Casas Viejas, como decía, no hace mucho, pero intenté suplir la tardanza del conocimiento con la sensibilidad que he podido acumular a base de vivir con los ojos abiertos y el corazón dispuesto. De esta manera, sólo por haber leído algunos artículos, pude conocer a los hombres y a las mujeres que creyeron que había llegado la hora de repartir todo entre todos, como debería haber sido desde el principio, si no hubiera prevalecido la ambición desmedida -criminal- de algunos. Enseguida me apercibí de que esos hombres y esas mujeres estaban hechos de buen material y comprobé, una vez más, que los sueños son efímeros y a veces terminan en pesadilla. Llegó el levantamiento, Seisdedos y los suyos mantuvieron su palabra de honor que habían dado en las reuniones clandestinas que los anarquistas llevaron a cabo en Jerez, pero sobre el honor de los pobres, como ha ocurrido tantas veces en la historia, cayo la traición y la iniquidad. No sobre el honor, que ese está a salvo, entre otras razones porque hoy, todos los que nos aplicamos al recuerdo lo reivindicamos y lo preservamos. La traición y la iniquidad se cebaron, sí, con la vida y la memoria de los hombres y las mujeres que intentaron construir no un paraíso en la tierra, sino una tierra habitable para todos.
Han pasado los años. Seisdedos no convoca con su autoridad de viejo militante, Libertaria no sueña mientras cose, los hombres que murieron no van a la vendimia, ni siegan, ni trillas, ni acarrean, tampoco buscan espárragos o tagarninas para los potajes de cada día, ni se sientan en la taberna diciéndose con medias palabras que el tiempo está cerca. Porque al fin llegó el día y con él un tal capitán Rojas dispuesto a asesinar según le habían encargado los que luego volvieron a golpear al Estado para apoderarse de él con todo lo que contenía. La historia es clara cuando se mira de frente. Sabemos lo que ocurrió porque hemos visto los gestos de unos y otros y sus consecuencias. En Casas Viejas, en el 33, se ensayó el 36 y los actores de ambas funciones eran los mismos.
Casas Viejas no nació en el 33, cuando algunos de los suyos proclamaron la implantación del comunismo libertario. No nació con la masacre ni con el miedo que luego legítimamente, se apoderó de todos. Casas Viejas existía antes, pero ese día de enero del 33 se explicó a sí misma con otras palabras y contó, quizás sin pretenderlo aunque de forma rotunda, que a la historia de la infamia le faltan muchos capítulos pero la historia de la dignidad también había crecido.
RECORDAR LOS HECHOS DE CASAS VIEJAS ES MANTENER DESPIERTA LA MEMORIA.
Recordar a los hombres y mujeres que se sublevaron contra el hambre y la injusticia de un sistema secular es un deber de bien nacidos. Recordar las trampas que le hicieron a la República para acabar con ella es una obligación.
RECORDAR ES VIVIR Y MANTENER VIVOS A LOS MUERTOS Y LOS SUEÑOS QUE TUVIERON»
Homenaje a las víctimas de los sucesos de Casas Viejas José Saramago: Revista: Tierra y Libertad. Nº 8 Otoño 2000
