Decía mi abuela que lo que hacía falta es que Dios no nos mandara todo lo que somos capaces de aguantar. La esperanza de vida media de una mujer es 83 años, mientras que la del hombre está en 76, 7 por debajo de la mujer. Es cierto que los hombres teníamos unos trabajos más peligrosos que las mujeres o que llevábamos un tipo de vida más desordenada y peligrosa que ellas, pero también está demostrado que a largo plazo son más fuertes y resistentes que nosotros. Las mujeres de antes (y las de ahora del tercer mundo) no solo tenían que soportar toda la misería, penuria e injusticia que generaba un mundo subdesarrollado y cruel, sino que además, como estaban situadas en el peldaño más bajo de la escala social, soportaban toda la represión e injusticia que un mundo desigual y desequilabrado generaba. Escuchar las peripecias de las mujeres mayores es asistir a un resumen de pérdidas, derrotas, ausencias, infidelidades y sumisión. Esta fotografía de «la periquina» me parece un icono de las penurias que han soportado las mujeres. Cada arruga de esta mujer se me asemeja a un peaje al pasado y un crédito al futuro. Esa cara es un mapa del tiempo. Un tiempo al que, las mujeres de la generación anterior a la nuestra, combatieron y sorportaron con toda la resignación y estoicismo posible. Pudieron con casi todo, menos con las arrugas que produce el tiempo. Julio Herrera tiene un poema titulado Su majestad el tiempo. De él extraigo estos versos:
La cruzan arrugas, eternas arrugas,
Que son cual los ríos del vago país de lo abstruso
Cuyas olas, los años, se escapan en rápidas fugas.
¡Oh, las viejas, eternas arrugas;
Oh los surcos oscuros:
Pensamientos en formas de orugas
De donde saldrán los magníficos siglos futuros!

Salu, mu cierto y mu bonito, me ha encantao, y la foto tb. Te pongo un 10.
una imagen vale más que mil palabras….. aunque, si encima se explica, pues ya…….