La educación no solo es la base de la sociedad futura, sino que también es un reflejo de esa misma sociedad. La educación de la mujer en el franquismo va a estar marcada por sus principios ideológicos. Al hombre se le reserva un papel estelar y público en la sociedad, la mujer lo tiene secundario y en el hogar. Por ello la educación franquista tiene como objetivo formar madres y esposas. No sólo las aulas van a estar diferenciadas por sexos, sino también las asignaturas van a ser distintas, ya que los objetivos que se quieren conseguir son diversos. La asignatura de La Formación del Espíritu Nacional se centra en los valores políticos públicos para los hombres y en las tareas del hogar para las mujeres, lo mismo que la Educación Física que busca hombres soldados y mujeres amas de casa o la música que se centra en forma el espíritu patriótico del hombre y el cultural de las mujeres, al menos en eso salieron ganando. Pero la diferenciación atañe también a los contenidos de cada materia. En la siempre manipulable historia al hombre se le resalta como el héroe patriótico y viril y de la mujer heroína se insiste en sus virtudes femeninas (la maternidad de Isabel la Católica o el sacrificio de Santa Teresa de Jesús). Es más, la metodología también se diferencia por géneros. La educación de las chicas debe decantarse por la sensibilidad frente al intelecto o la intuición sobre la racionalidad. Además, para las chicas con la educación primaria es suficiente. Las mujeres cultas y preocupadas por su formación intelectual y profesional son consideradas poco femeninas y un mucho «machorras». En Benalup la separación entre niños y niñas era estricta, en los años sesenta había dos escuelas de niños y dos de niñas. La de la fotografía es la del Chorro en la calle Fuentes regentada por Doña Merecedes Pérez Blanco. Todos llevaban baby, aunque como se ve en la fotografía las excepciones eran abundantísimas por la provisionalidad de la asistencia a clase de muchas niñas. El empedrado de la calle está a juego con el exiguo material que llevan a clase o con las paupérrimas condiciones y materiales del aula, ejemplificadas en los cristales rotos de la puerta de la clase. Muy pocas chicas durante el franquismo continuaron sus estudios secundarios o universitarios. De aquellos polvos nos vienen estos lodos. Hoy los resultados académicos globales son mejores los de las chicas que los de los chicos y hay más chicas benalupenses que acceden a la universidad que chicos, aunque las carreras con marcado carácter técnico sigan siendo dominio de los hombres. El especial boom de la construcción en Benalup-Casas Viejas ha acentuado esta tendencia general del estado español.