Dice Santo que casi todo lo inventaron los griegos. Yo por si acaso voy a empezar esta entrada con ellos. Prometeo le robo el fuego a los dioses para darselo a los humanos. Nos liberamos del frío, pudimos cocinar los alimentos, empezamos a relacionarnos en torno a una hoguera, nos defendía de los animales…Pero la traición a los dioses nos conduce también al castigo eterno. Hace mucho tiempo que me obsesiona la frase de que si la historia es el camino del progreso. Ayer Casas Viejas estába muy mal, hoy estamos muy bien, mañana estaremos mejor. Aunque de vez en cuando vienen crisis como las de ahora y nos traen la maldición de Prometeo. Yo no estoy de acuerdo con esta concepción simplista de la historia. Rousseau decía que el progreso científico si se retroalimenta, pero que eso no conlleva al progreso moral y social de los pueblos. Por ejemplo, estoy convencido de que en Casas Viejas se vivía mejor en la segunda república que en el Benalup de Sidonia del primer franquismo. Lo mismo que ocurre con el tiempo en la historia, puede ocurrir en las vidas personales. ¿Vivir es perder?. Siempre que le decían al poeta Ángel González que había muerto un antiguo amigo suyo, él respondía con su célebre «Están disparando cerca».
Ayer estuve en el cine viendo Los abrazos rotos de Pedro Almodovar. Es una pelicula sobre el tiempo, utilizando el cine dentro de cine, y una historia de amor habla con imágenes de los celos, la envidia, la fatalidad, el abuso de poder, el complejo de culpa y la traición (el aspecto que me pareció con más fuerza). Tiene tantos guiños que uno sale con la duda de que tanto por ciento has captado de lo que él ha querido contar. He leído por ahí que el cine debe ser fascinación, entretenimiento y reflexión. Almodovar consigue que el cine sea fascinación, aunque con Penélope Cruz es más fácil, hay varias escena impresionantes, como la última, entretenimiento (en la penúltima escena se autohomenajea en ese remake de Mujeres al borde de un ataque de nervios y que lo conduce a un inesperado desenlace optimista) y el cine que a mí me gusta tiene que llevarte a la reflexión. Y en estas estamos, escribiendo esta entrada sobre la historia, sobre el progreso tecnológico que no es lo mismo que el moral o social, sobre el tiempo, sobre los fracasos, las frustracciones, las traiciones, las derrotas… la vida. ¿Vivir es perder?. Decía David Trueba que: «el final de la vida no se parece en nada al final de una carrera con laureles, himnos nacionales y medallas, sino más bien en un agujero profundo y negro en el que te comen los gusanos. Por ello, cuanto antes aprendamos que perder es parte de la vida y que todo se supera, mejor«. Solo por ver la escena de la concejala de asuntos sociales que tiene una maleta de coca en su casa y que hace el amor por cuestión social merece la pena ver esta película de Almodovar.

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