Pero además de estos datos que confirman que la lucha siempre fue el término, me ha sorprendido la lucha en sí, los argumentos que utiliza el médico Alfonso Pérez Blanco, para defender sus intereses. Estamos en agosto de 1952, el maquis no se ha erradicado, la represión y la censura es total, algunos autores piensan que hasta 1956 no termina efectivamente la guerra civil, en economía la autarquía aumenta la penuria y la pobreza. En ese contexto, las quejas de Alfonso Pérez-Blanco tienen una especial significación. En el pleno del 31 de agosto del 52 se aprueba que el futuro pueblo tendría las quince mil hectáreas y no las veintitres mil, el médico benalupense manifiesta: «nosotros solo sabemos que representamos a un pueblo que quiere y tiene derecho a tener su Ayuntamiento independiente, y que unos números desprovistos de toda razón y de todo sentimiento, manejados con una habilidad desconcertante influenciados por un amor propio local (agrandado en el transcurso de los siglos) y por un espíritu centralista acaparador que raya en el egosimo, y que os impide ver los derechos sagrados de un pueblecito que quiere nacer a la vida pública y administrarse por si mismo. Todos los habitantes del sector comprendido entre Los Badalejos y el río Barbate es sabido por todos que siempre han pertenecido al distrito de Benalup, pues allí se han bautizado, allí enterraron a sus muertos, de Benalup proceden y allí tienen sus familiares y sus negocios… Nosotros sabemos que todo lo que digamos es inutil que nada podrá hacer variar el acuerdo ya previsto de este Pleno desfavorable a nuestra petición, pero queremos que figure en acta nuestra enérgica protesta y nuestro voto en contra…. Y para terminar queremos advertiros lealmente que estamos dispuestos por todos los medios a nuestro alcance que aquí no acabe el asunto de Benalup, y con la ayuda de Dios y la justicia de nuestros derechos esperamos poder volver mejor preparados y mejor respaldados.» Impresionan el contenido y la fuerza de las palabras de Alfonso Pérez-Blanco, sobre todo por el contexto de represión y especiales circunstancias políticas que dominaba la escena pública en 1952. Las palabras prmonitorias se saldaron con una derrota, al menos en cuanto al número de hectáreas. Aunque soy consciente de que se trataba de un médico cuya profesión le permitía tomarse ciertas libertades que no estaban al alcance del resto de los mortales, la profundidad de sus palabras, la coherencia personal y el riesgo no dejan de parecerme dignas de especial elogio.

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Un pensamiento en “La lucha por el término. Alfonso Pérez Blanco. 2

  1. Personas que lucharon y que nunca dieron su brazo a torcer, som merecedoras del mayor de los respetos.Una verdadera pena que su lucha,su empeño y sus ganas por defender el término no sirvieran de nada.En 1991 perdimos la esperanza y además traicionamos a los que se lo jugaron todo por defender a su pueblo.

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