Me encantan los artículos que hacen pensar y este de Antonio Moreno invita a ello. Me dicen que en Montaunban han puesto a un colegio el nombre de Azaña. Dos bisnietos de Seisdedos dan clase en él. Recomiendo el comentario. Lástima que sea anónimo.
Me encantan los artículos que hacen pensar y este de Antonio Moreno invita a ello. Me dicen que en Montaunban han puesto a un colegio el nombre de Azaña. Dos bisnietos de Seisdedos dan clase en él. Recomiendo el comentario. Lástima que sea anónimo.
Azaña fue también una víctima de los Sucesos de Casas Viejas. No lo mataron en la corraleta de Seisdedos pero lo siguen matando cada vez que se le recuerda tergiversando los hechos o dejando caer la duda sobre su participación en ellos. Azaña se merece una calle en Casas Viejas y merecería también que en lugar de ser recordado por una frase que nunca dijo (y menos al capitán Rojas), por ese tiros a la barriga de tanto éxito, lo fuese por haber dicho en las Cortes, en febrero de 1933, cuál era su posición ante los crímenes de Casas Viejas: «Claridad absoluta, justicia ciega y caiga el que caiga».
En efecto, fue víctima de los Sucesos pero, a diferencia de las otras, él lo fue «voluntariamente» al poner por encima de todo a la «razón de gobierno». Que tergiversen -sean quienes sean- los hechos no debe justificar que para Azaña lo ocurrido -desde su posición- no era sino algo «que tenía que ocurrir». Algo que no le diferenciaba, precisamente, de los anteriores gobernantes monárquicos. «Claridad absoluta, justicia ciega y caiga el que caiga», también otra frase se Azaña que merece la pena no ser olvidada. Al final sólo cayeron los asesinados, un poco Rojas y, por supuesto, no se vieron afectados ni Azaña ni su ministro de de Gobernación Casares Quiroga. Que tenga una calle en Casas Viejas es cuestión de los vecinos, en última instancia, pero sus méritos no deben incluir su actuación durante esas semanas del invierno de 1933 que, en mi opinión, dejó bastante que desear .