
En otra acta capitular del 1 de mayo de 1843 se vuelve a insistir sobre el tema, aunque ahora se disecciona finamente. «Teniendo noticias esta Corporación de que en el Caserío de Casas Viejas se acogen varios forasteros los cuales sin conocimiento de esta Corporación labran chozas y no tienen vecindario, con el objeto de evitar este mal… se nombro una Comisión … para que hagan lo más conveniente a los intereses del público y den cuenta de su cometido«. Todos estos forasteros se establecían en chozas, en los ejidos o terrenos del común, mientras que los medinenses que lo hacían en terrenos de propios (por lo que debían pagar al ayuntamiento) no tenían ningún problema como se puede observar en un acta del cabildo del 12-6-45: «Se vio un memorial de Miguel Diaz de esta ciudad pidiendo no se entienda con él la disposición adoptada para destruir los cercados de Casas Viejas, respecto a que el que tiene esas tierras de propios cuyo canon satisface al Ayuntamiento en su vista acordo manifestar por medio de oficio al comisario de casas viejas que los cercados que deben destruirse son aquellos que han hecho los vecinos en los ejidos sin licencia de la autoriad y sin pagar canon alguno al Ayuntamiento, pero de ningun modo con los cercado hecho en tierras de propios cuyos dueños las han cercado por su conveniencia y para mejorar erario público«. Recordemos que los bienes de propios son aquellos terrenos del ayuntamiento que alquila y con cuyos ingresos costea sus gastos, mientras que los bienes comunes son aquellos que están a disposición de los vecinos. Los ejidos era una tipología de bienes comunes, ya que eran terrenos donde pastaba el ganado. Todo el término natural y justo de Casas Viejas eran bienes de propios o comunes.
El Ayuntamiento no consiguió sus objetivos y los forasteros que pretendía que no se establecieran en Casas Viejas formaron parte de esa población. Tras un análisis riguroso de los nacimientos en Casas Viejas en el último tercio del siglo XIX podemos afirmar rotundamente que el pueblo se formó en base a la llegada de medinenses y de forasteros, sobre todo de la Serranía de Ronda. Los Sopacas, que entre otras cosas traen sus cantes por verdiales, que en esta zona y en los Barrios, Tarifa… se va a llamar luego Chacarrá.
