Recuerdo que cuando era pequeño en Íllora, el pueblo donde nací, rifaban espárragos, zorzales, perdices… luego aquello se acabó. Las rifas era algo más que solidaridad, era un sistema donde se tentaba la suerte, la amistad, la necesidad y la colaboración mútua. Esas cosas que la gente de pueblo inventa para hacer pueblo. Cuando llegué a Benalup-Casas Viejas me sorprendió que esta costumbre de rifar productos todavía persistiera. Luego fueron menguando, quedaba la excepción de los viajes de estudios y de los espárragos, cuyos benificios iban destinados a sufragar los gastillos de alguien que le seguía gustando mucho el campo y a fuerza de haberlo hecho toda su vida no sabía distinguir si había frontera entre la necesidad y el placer.
Ya sabemos que la crisis es mundial, regional, nacional y provincial. Pero que en esta tierra, debido a sus especiales circunstancias, se está dejando notar con una crueldad especial. Todo ha sido demasiado rápido. La abundancia llegó tarde y a borbotenes, las penurias se han presentado de sopetón. Los más beneficiados en los tiempos de bonanza no son los más perjudicados en los tiempos de vacas flacas. Al igual que en la educación (merece la pena leerlo) los aprietos no los vivimos todos de igual forma, hay una clase perdedora. Aquel sector jornalero de nacimiento y reconvertido en la construcción está siendo azotado por estos vientos con especial virulencia. A los espárragos le acompañan ya en la rifa las perdices, los faisanes, los quesitos, los conejos, las liebres, las tagarninas u objetos caseros. A algunas familias se les ha acabado ya el paro y la necesidad manda. Ya no se trata de compar un número para una televisión de pantalla de plasma cuyos beneficios serán proviaje de estudios a Italia, ahora son otras cosas. Me cuentan, y termino con ello, el siguiente diálogo. Cualquier parecido con la realidad, no es pura casualidad.
– Está la cosa muy mala
– Ni que usted lo diga, a mi marido ya se le ha acabado el paro y mi hijo ha tenido que vender el coche y le ha dado las llaves de la casa al de la Caixa para que haga con ella lo que quiera
– Es que nadie pensaba que esto podía ponerse tan malo como está
– Mi hijo era buen estudiante, pero se quitó de estudiar, quería coche y casa rápido y ahora nos vemos como nos vemos
– ¿Qué rifa?
– Un tostador y una cafetera eléctrica
– ¿Y si me toca como sabe usted quién soy yo?
– Lo sé, es la casa del maestro, del que no quería que mi hijo se quitara de estudiar.
– ¿Cuánto vale un número?
– Cinco números un euro
– Tome un euro
– Gracias
Creo que casi todos los que leemos este blog somos de los que compramos números, no rifamos. ¿Hacemos cuentas sobre los números que hay que vender para conseguir cierta rentabilidad?. ¡Cinco números un euro!. Esta vez ha tocado hablar de cosas que importan y son muy importantes.
En la fotografía una rifa con Perico «el del Pescao» y Monroy. De Mintz, claro.

Enhorabuena por la entrada, me ha gustado mucho!!