Una de las cuestiones que menos entienden mis alumnos cuando hablamos sobre el movimiento obrero son las pésimas relaciones que han mantenido históricamente los socialistas y anarquistas. José Luis García Rúa ha publicado recientemente un libro Reflexiones para la acción III que incluye un artículo sobre Casas Viejas; Un grito por Casas Viejas o las maquinaciones andaluzas del PSOE. José Suárez Orellana no vio publicadas sus memorias, mi amigo Eduardo Ruíz Butrón lleva tiempo empeñado en ello, esperemos que lo consiga. Voy a publicar cinco entradas sobre los sucesos del 33 desde esta dos ópticas tan diametralmente opuestas y que tanto daño se han hecho mutuamente. Para ello voy a simultanear párrafos de ambas fuentes citadas. Empiezo con García Rua. Este antiguo profesor de la universidad de Salamanca y Granada, ha sido secretario general de la CNT y ha estado dos veces en el IES Casas Viejas ofreciendo sendas conferencias.El artículo que nos va a servir de referencia esta realizado:«Con motivo del 75 aniversario de los sucesos de Casas Viejas, el 24 de marzo de 2008, fue invitado a dar una conferencia en el IES Casas Viejas» de Benalup-Casas Viejas. Del contenido de esa conferencia, de otras intervenciones anteriores en la misma «aldea del crimen» y de reflexiones posteriores, con datos nuevamente adquiridos, ha resultado el artíulo que arriba presentamos y que fechamos en Junio de 2008″. Empieza Rua su artículo detallando como el anarquismo se extiende por Medina a finales del siglo XIX. Cuenta el affaire del suicidio de Zumaquero, cuyo hijo y sobrino también van a morir en 1933 en los sucesos: «Casas Viejas, viene citada por primer vez, con presencia anarquista en los comienzos de 1914. En dos o tres meses, el compañero José Olmo culmina una organización de 500 trabajadores, de un total de 1588 vecinos. En el año 1915, la Guardia Civil promueve los bulos de una «comedia tenebrosa» que, mediando amenazas, coacciones y chantajes culminan con la muerte del compañero Zumaquero. Las acciones represivas no consiguen dominar el movimiento ascendente de carácter libertario, y, en marzo de 1916, los compañeros de Casas Viejas participan en un mitin libertario en Medina, un «mitin monstruo», como se lo calificó entonces, contra la carestía de los precios». Pasa luego Rua a detenerse en la situación socioeconómica de la zona y en concreto de lo jornaleros. «La gran historiadora Clara E. Lida calificó, genéricamente bien, al territorio andaluz como “la ruta del descontento”, consecuencia, él, de una miseria estructural, que es, ella misma, efecto de la estructura vernácula de la propiedad de la tierra y de su modo de explotación, resultados, estos, a su vez, de las condiciones y modos en que fue llevada a término la reconquista cristiana de estos lugares… las razones de ese “descontento, que, desde el siglo XIX, se traduce repetidamente en agitación social, como puede verse en los trabajos que, al respecto y entre otros autores, dieron a la luz la propia señora Lida, Juan Diaz del Moral, Jerome R. Mintz, Gerard Brey, Jacques Maurice, Edward Malefakis o Gabriel Jackson… en ocasiones, el capitán general de Arcos de envia escuadrones de caballería para ayudar a la Guardia Civil en los procesos de sometimiento. En los momentos de hambruna, se impide a las familias campesinas hasta pedir pan en los cortijos«. José Suárez Orellana, socialista antes y después de los Sucesos fue primero alcalde de Casas Viejas, luego concejal, impulsor de la reforma agraria en la zona y derrotado en la guerra civil. Aunque con otro lenguaje y desde el punto de vista del pueblo coincide con Rúa en el diagnóstico de la situación, una de las pocas cosas en las que no hay discrepancias y enfrentamientos con los de los anarquistas. «El pueblo tenía la mitad casas, y la otra mitad chozas de castañuelas sin más ventilación que la puerta, y esa mazmorra con una sola habitación tenían que dormir todos y guisar, con el peligro que esto suponía y los males olores por el hacinamiento de tantas personas. Las calles estaban terrizas y por algunas de ellas corría el agua sin cobijar y además desembocan los Waters en dicha corriente con los males olores que es de suponer con tantos excrementos, con esa agua se regaban las huertas, y por lo tanto esto era motivo para que se dieran tanto casos de tifus que allí era muy corriente. No había Plaza de Abasto, Matrona, Farmacia, Practicante ni Barrendero, el Ayuntamiento le pasaba al médico treinta pesetas al mes para medicinas para atender a los pobres de solemnidad, según le llamaban ellos y además no se podía por carretera por no estar terminada… «
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