He elijido para esta última entrada de esta miniserie un alegato a la unión de los obreros de Suárez Orellana. No sólo por lo significativo que me parece, sino también, por lo contradictorio que resulta los tradicionales y frecuentes llamadas a la unión de la izquierda que contrastan con la pura y dura realidad. «Del obrero nada será suyo sino lo conquista por sus propios medios. Nunca esperen ningún beneficio si no saben conquistarlo. Los obreros unidos pueden conseguir muchas cosas. Desunidos no hacen más que labrarse su propia ruina. ¿Y por qué no se unen? Esta es mi eterna pregunta. ¿Es que lo que conviene a unos trabajadores no le puede convenir a los demás? ¿Por qué luchamos por distintos caminos? ¿Por qué las luchas de unos contra otros? ¿Por qué tantos partidos? A mi juicio no debería haber más que uno. Yo pregunto: ¿esta división, a quien interesa? Desde que el mundo es mundo existe la lucha entre el capital y el trabajo y así hasta nuestros días. Pero si un día la humanidad despierta de ese letargo en que se encuentra sumida, las cosas variarán, Porque sí los trabajadores se unieran un día como un solo hombre ¿quién podría con ellos?. Sus conquistas serían fáciles y breves y el enemigo tendría que rendirse sin pegar un tiro y sin matar a nadie». José Orellana escribió sus memorias con más de ochenta años, después de ver como a la tremenda lucha entre socialistas y anarquistas de la segunda república, le sucedio la dictadura franquista. En ese contexto se entienden mejor sus palabras.» No se verían los cementerios llenos de seres que en vida fueron maltratados y muchos fusilados sin haber hecho más que trabajar mucho para malvivir y darle a sus hijos una vida de miserias en una sociedad que se dice católica y que ésta le haya dado tan mal trato a los que dice llamarse hermanos….
Rua termina su artículo de la misma forma que lo empezó, pero ahora relacionando los últimos acontecimientos sobre los sucesos con el hilo conductor que ha mantenido durante todo su artículo: «Muchos años después de los sucesos que venimos relatando, después aún de que el genocida Francisco Franco decidiera hasta acabar con el nombre de Casas Viejas y después de que el falso régimen llamado “transición” mantuviera férreamente, el sucedáneo nombre de Benalup de Sidonia, los socialistas colaboradores principales del nuevo régimen y, desde el inicio, gobernantes permantes de la “aldea del crimen”, cobran conciencia de que la historia de los sucesos de enero de 1933 sigue viva y de que, incluso, había pasado, profundamente, a la conciencia popular en forma de leyenda. Dado que ni la desnominación primitiva ni la interesada y maquilladora recolonización de la zona por el franquismo habían conseguido borrar ni la memoria de los hechos, ni su vigencia en forma de leyenda, había que sacarle partido a la situación por el procedimiento habitual de las nuevas formas de dominio… Fue así como Francisco González Cabañas, socialista él, alcalde, además “perpetuo” (desde 1983) hasta la actualidad, 2008) de Benalup de Sidonia, por más señas Secretario General del PSOE en la provincia de Cádiz e item más Presidente de
