Para entender el origen y la esencia de esta fiesta, fandangazo o chacarrá tenemos que recurrir a sus aspectos antropológicos. El origen del chacarrá se remonta a los siglos XVIII y XIX, en un contexto espacial de población diseminada en la sierra gaditana en torno a los territorios que hoy forman el actual parque natural de Los Alcornocales. Dice Leonardo Ruiz: “Teniendo en cuenta el trabajo de entonces –el carboneo y la agricultura-, que ocupaban siete días a la semana y casi de sol a sol; no es extraño que fueran unas fiestas esperadas con enorme ilusión”. Las fiestas tenían un carácter excepcional y servían para realizar un acto de convivencia informal y festivo. Tenían como fin primordial la convivencia y la comunicación de gentes aisladas en sus cotidianas labores agrícolas. Se trataba de un acto de socialización necesario en un contexto de ruralización y aislamiento. El fandangazo era la mejor oportunidad para relacionarse socialmente: se acudía a él para buscar pareja o tratar de resolver una disputa amorosa, para estar con los amigos y, en definitiva, como única oportunidad de expansión en la dura cotidianidad del trabajo en el campo. Como se puede leer en la página web del conservatorio de Córdoba: “…el uso del fandango como instrumento de socialización y, en concreto, como canalizador de tensiones sociales, que se resuelven en el empleo de la copla como forma más o menos velada de provocación y de catarsis de conflictos.” Dice Leonardo Ruiz Estudillo en un artículo publicado en Diario de Cádiz: “Por la tarde, bajaban a las casas de los anfitriones las familias enteras con la yegua o el burro cargados de rosquetes y confituras caseras. Llegada la noche, comenzaba el baile y el cante que se prolongaba hasta el alba. Allí se juntaban el chistoso con el poeta y todos con el vino en un espectáculo con todas las de la ley. Y si por mano del vino, había pelea, el domingo siguiente tenían que hacer las paces. Dependiendo del tiempo, la fiesta se celebraba en una choza, sombrajo o debajo de una parra”. Como ocasión especial las mujeres lucían sus galas más preciadas, los hombres sus chalecos con cadenas colgantes de relojes, ancho sombrero, bota alta campera… La gente llegaba sobre las ocho de la tarde y la fiesta duraba hasta que volvía la luz del día para hacer el camino de vuelta por las veredas.
