En el primer tercio del siglo XX el crecimiento de la población benalupense siguió siendo muy alto, pero las causas ya no hay que buscarlas tanto en la emigración, sino en el comportamiento de los factores naturales. La mortalidad bajo y la natalidad siguió siendo muy alta, con lo que el crecimiento natural fue importante, a esta fase llaman los demógrafos transición demográfica. La natalidad siguió siendo muy alta, en tanto en cuanto no se había conseguido la liberalización de la mujer, la cultura imperante no permitía la generalización de los anticonceptivos y, sobre todo, imperaban la concepción de la familia como unidad de producción, no de consumo como en la actualidad. Para saber lo que es la familia como unidad de consumo basta que retrocedamos a las fiestas navideñas, solo por poner un ejemplo, para entender el concepto de familia como unidad de producción podemos recurrir a ese americano que veía tan bien los toros desde la barrera “Ni los jornales ni la recolección de verduras silvestres y la caza eran suficientes para alimentar a una familia de cinco o seis personas, vestirlos y conseguir carbón para cocinar y para mantenerse calientes. Un campesino luchando para alimentar a su familia acababa, inevitablemente, por depender de la ayuda económica de sus hijos para poder sobrevivir. Los hijos de las familias de campesinos empezaban así a trabajar en edad temprana, encargándose generalmente de vigilar el ganado. Aquellos cuyas circunstancias les obligaban a trabajar fuera del hogar tendían a ser explotados, recibiendo faenas pesadas y teniendo que trabajar horas extras”. La generalización de los avances médicos, la existencia de un dominio de jóvenes en la pirámide de población, junto a mejoras parciales en higiene y alimentación hicieron bajar tímidamente la mortalidad. Pero había una variable que demostraba el bajo nivel de desarrollo existente; la mortalidad infantil. De nuevo volvemos a Mintz: “ De cincuenta muertes que ocurrieron en Casas Viejas en 1913, veintisiete, más del 50 por ciento, eran niños menores de tres años. Entre las causas de muerte más usuales se hallaba la enteritis, la meningitis y fiebres comunes. Sin embargo, la desnutrición, la mala higiene y un pobre cuidado médico contribuían de un modo importante a la alta mortalidad infantil. Muchos de los que sobrevivían el primer año quedaban, no obstante, marcado por el raquitismo y la tuberculosis”. La mortalidad infantil fue bajando progresivamente. En la década de los cincuenta se instaló la costumbre de que las mujeres que vivían en el campo, acudían a parir a casas de familiares en el pueblo o se las prestaban o alquilaban, como el caso de la casa de la calle Cervantes para que la matrona y el médico, en caso de complicaciones, estuviesen en el momento del parto. Luego en la década de los setenta se generalizó acudir al hospital a dar a luz. En la actualidad la tasa de mortalidad infantil de Benalup Casas Viejas es similar a la del resto de España. El número de niños menores de tres años que mueren es mínimo, casi insignificante para las estadísticas, nada que ver con aquellos 27 muertos de 50 que murieron en 1913.

No sé si has visto en el youtube un video sobre Benalup, se llama «las chozas, parte de la historia» el autor es k5television.
Un saludo. Juan A. Fuentes