El viernes pasado me encontré a Alejandro Pérez en las Grullas de Juan, había ido a dejarle ejemplares de su libro de relatos La otra realidad. Me parece loable esa costumbre que tiene el propietario de ese restaurante de comprar varios ejemplares de los libros que publica la gente del pueblo, para luego regalarlos entre sus clientes. Inmediatamente, los que estábamos allí compramos nuestro ejemplar respectivo y nos quisimos interesar por algunos pormenores del libro. Lo editaba Aladena, editorial malagueña, se había presentado en la feria del libro de Málaga y había tenido muy buena acogida. Yo tenía noticias previas por el autor y por el blog de Benalud, pero me daba pena que un acontecimiento tan importante como es la publicación de un libro pasará un tanto inadvertida. Alejandro me explico que la presentación en Benalup-Casas Viejas se haría en
Octubre. En el libro de la Tierra Kay Candón escribía:»Si con algo tangible se identifica la palabra cultura (y es la primera imagen que se nos viene a la cabeza a la mayoria) es con un libro«, asi que me parece que todos los esfuerzos son pocos por dar a conocer esta novedad literaría y la fortuna que tenemos de que un benalupense publique un libro, porque seguro que en él hay mucho de nosotros también. Me he leído los relatos y es mi intención comentarlos, no para analizarlos o hacerles una crítica literaria, no tengo nis actitudes, ni aptitudes para ello, sino con el objetivo claro de que los lectores de este blog lo lean, o que lo quieran, o que lo entiendan, que es el objetivo simple que tenemos todos los que nos gusta escribir. Me decía Alejandro la tarde del viernes que el había pretendido realizar unos textos bien escritos, que era lo que más le importaba, que la escritura estuviera bien hecha. Me parece una cosa evidente, la forma es impecable. Empieza el prólogo José Ruiz Mata: «No cabe duda que Alejandro Pérez Guillen es un poeta… mantiene esas constantes poéticas, con sus metáforas, con el cuidado uso y valor de las palabras, con el análisis de las sensaciones y sentimientos«. Más adelante se puede leer: «El lector podrá comprobar como el texto está repleto de frases que no aportan más al discurrir de la historia que el embellecerla, porque la palabra, la imagen, la metáfora, están por encima de cualquier otra pretensión«. Evidentemente hay muchas pruebas de ello en el texto: « el tren hacia Granada, ese monstruo mitológico que devora los kilómetros y escupe fuego por la boca…asomó un hombre que rondaba los cincuenta años, con una barba profunda que gritaba la orfandad de la cabeza…Era una medicina natrual y psicológica que le traía los gratos recuerdos de su infancia como paraíso perdido que únicamente se recupera a través de la nostalgia… desde ese momento no se le apagó el cigarro de la fortuna, ni el Fortuna de la boca…Tenía que achicar el líquido amargo del dolor de su corazón para poder seguir viviendo, para que no le ahogara por dentro esa pena que lo estaba consumiendo…o el humo del silencio se apoderaba del interior del coche»
